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Rafael / Padilla

La imaginación al poder

DECÍA Ernest Renan que "el olvido y el error histórico mismo son un factor esencial en la formación de una nación". El independentismo catalán, conocedor de armas tan útiles, se está mostrando como aventajadísimo reescribidor de vidas y hechos. Doy aquí cuenta de algunos de sus hallazgos más impactantes. Así, Bartolomé de las Casas fue, sin duda, el padre Bartomeu Casaus; Juan Sebastián Elcano, Joan Caçinera del Canós; Gonzalo Fernández de Córdoba, el almirante Joan Ramon Folc de Cardona; y Hernán Cortés, Ferran Cortès. De los insuperables, casi ninguno fue parido extramuros de la catalanidad. Cristóbal Colón, como lo nominan los odiados españoles, se llamó con toda certeza Joan Colom i Bertran, era nieto del fundador del primer banco público del mundo y, asómbrense, antepasado directo de Artur Mas; La Celestina y El Lazarillo de Tormes son obras catalanas robadas por Castilla; la bandera de Estados Unidos deriva de la senyera catalana; Erasmo de Rotterdam fue el segundo hijo de Cristóbal Colón; la "nación catalana" se remonta al siglo VII antes de Cristo; Teresa de Jesús fue Teresa Enríquez de Cardona y nació en Barcelona; Ignacio de Loyola se llamaba Iñigo y nació en Orihuela; Miguel de Cervantes, para ellos Miquel Servent, escribió el Quijote en catalán (Lo Quixot de la Plana); el Cid Campeador fue un guerrero de linaje catalán; igual ocurre, en fin, con Francisco Pizarro y Diego de Almagro.

En esta tarea ciclópea, tres descubrimientos fantásticos: El genial Leonardo fue también de ancestros catalanes y reflejó en La Gioconda la sonrisa de la Virgen de Montserrat, montaña que aparece, además, en el fondo del cuadro; Tartesos, el reino perdido, todavía existe y se llama igual: Tortosa, a la sazón primera capital de la protonación catalana; y, ¡para qué seguir!, el mito de Santa Klaus o San Nicolás se fraguó a partir de los viajes de un barco que, cargado de naranjas y de granadas, llegaba cada año a Amsterdam desde Alicante.

Les juro que no me he inventado nada. Cuanto antecede (y muchas más ensoñaciones estrafalarias que omito) se ha sostenido por seudoeruditos partidistas, casi siempre en el entorno del Institut Nova Història, organismo fundado en 2007 y convertido en auténtico semillero de disparates que desconoce la vergüenza, el rigor científico y el sentido del ridículo. A mayor gloria, al cabo, de su irreal y quimérica patria: el País, redivivo y catalán, de las Maravillas.

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