Por montera

mariló / montero

Lo insoportable del ser

PORQUE ellos echaron el cerrojo de la puerta de su casa donde se encerró toda la familia pero yo la hubiera cruzado sin pensarlo. Me resultaba frustrante no poder ayudarles con una respuesta que les ofreciera alivio. Acariciarlos con esos abrazos que encajan sin tensión ni prisa. Cogiéndoles con mis manos su cara y mirándoles a los ojos poder decirles las palabras que brotara el milagro de la noticia de su aparición. Abrazarles calmando las convulsiones que nos hace vomitar el llanto y dejar empapar mis ropas por la humedad de las pertinaces lágrimas. Me hubiera sentado junto a ellos en el sofá del salón escuchando los comentarios que no puedo imaginarme se producen en un trance de semejante magnitud. Querría, al menos, compartir. Pero yo me encontraba al otro lado de la puerta.

Ellos no pensaban en mí pero yo sí, inevitablemente, en ellos. En Eva, Antonio, en las hermanas, los tíos, la abuela de Marta del Castillo. ¿Usted no siente esa necesidad de darles el consuelo que necesitan? Son, por desgracia, cientos las familias que en España sufren la ausencia de algún familiar debido a un crimen. Padecen lo peor, que es la desazón que vacía el alma hasta el escozor por la duda de no saber dónde está Marta y otros tantos desparecidos. Pero el caso de Marta es de tal magnitud porque la familia ha utilizado la inteligencia para que no se olvide a su hija como se ha hecho con otros tantos desaparecidos metidos la carpeta de "Casos por resolver" y cuya mayoría se fundamentan en errores iniciales de la investigación. Como los hay, también, en éste. Trataba de definir, con un amigo, el sentimiento de la familia: cinco años después de tragarse el impacto del asesinato de su hija, por primera vez al ser hallados unos huesos en la escombrera de Camas, en Sevilla, vieron la luz, la ilusión robada por unos incalificables desgraciados, desalmados, perversos, malos, asesinos, cobardes, descorazonados, sinvergüenzas que saben dónde se hallaría la joven sevillana pudiendo esta familia concluir con la larguísima tortura.

Elegí premeditadamente el adjetivo "insoportable" porque alcanzaba todo su significado: insoportable que puedas ver algo nítido con tus ojos, que puedas reír un segundo, trabajar sin quitarte el sufrimiento de la cabeza, sin poder dormir ni pasar el luto. Y mi compañero me respondió que a él le asombraba lo contrario porque efectivamente, lo soportan, siguen viviendo. Y no se explica cómo no se les quiebra el corazón, cómo no les dimite la sangre, cómo sus cerebros pueden seguir teniendo pensamientos. Esa familia es un monumento al dolor. Víctimas de la sinrazón. Yo necesitaba cruzar esa puerta. Y la de los hijos del demonio que siguen callados.

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