La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Los jesuitas se marchan del Centro

Paradojas de la vida, la Compañía de Jesús mantiene la Universidad Loyola, pero renuncia a una sede histórica

Los jesuitas se marchan del Centro Los jesuitas se marchan del Centro

Los jesuitas se marchan del Centro

Que todo el que puede evita el Centro de Sevilla es un hecho notorio. Los planes de los últimos gobiernos fueron dejándolo como un espacio privativo de los turistas y con escasos vecinos con una fuerte vocación por el lugar que compensa toda incomodidad. Ahora son los jesuitas los que se marchan, como informaba Juan Parejo en la edición digital de ayer. Antes fueron los franciscanos de San Antonio de Padua. Se trata de una mala noticia. La comunidad alega el alto coste de mantenimiento que provocan los templos y el edificio de la residencia, una inmensa manzana con fachadas a las calles Jesús del Gran Poder y Trajano, que atesora un precioso patrimonio histórico-artístico y una historia jalonada por hitos, como la fundación del cine club Vida de 1957. El Centro de Sevilla pierde a los jesuitas, en cuya iglesia se celebra misa a última hora de los domingos, a la que muchos acuden a la desesperada para cumplir con el precepto dominical. Paradojas de la vida, la Compañía de Jesús mantiene la Universidad de Loyola, antes en Palmas Altas y ahora en Dos Hermanas, pero anuncia el cierre el próximo verano de una sede histórica. Si la Iglesia de Sevilla vendió el Palacio de San Telmo en una operación de compleja calificación jurídica, ahora los jesuitas cederán al Arzobispado unos inmuebles que la Diócesis tampoco podrá mantener, pues a duras penas saca adelante proyectos de conservación ahora que se ha quedado sin la Catedral como la principal fuente de ingresos económicos. Quizás lo mejor que le puede ocurrir a este gran templo es que una cofradía pida que se convierta en su sede canónica, pues ya sabemos qué ocurre con el patrimonio que no se usa. La ciudad no se puede permitir dejar de cuidar, por ejemplo, una de las colecciones más exclusivas que existen de pintura modernista de tema religioso. Está en los azulejos que pintó Gustavo Bacarisas para la Capilla de los Luises, una de las grandes desconocidas por los sevillanos, a la que se entra por la calle Trajano. Dejaremos de encontrarnos con don Antonio Gordillo Cañas, el catedrático de Derecho Civil. Recordaremos al desaparecido Fernando García Gutiérrez (1928-2018), experto en patrimonio, versado como pocos en el arte oriental. Los miembros de la comunidad se repartirán entre el Portaceli y Torreblanca. El centro es costoso y poco funcional. Las prioridades hoy son otras. Los jesuitas dejan las llaves en el Arzobispado y se marchan. Perdemos todos. El Centro será un poco más inhóspito.

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