Desde mi córner

Luis Carlos Peris

La jornada final suele ser maloliente

PARECE que así como las costumbres se hacen leyes, cada final de temporada trae en su valija una serie de asuntos que no los libra de sospecha ni el mejor de los abogados. Y en esta temporada, como no podía ser de otra manera, ha vuelto a ocurrir para que las suspicacias se disparen y cualquier motivo sea suficiente para justificar un fracaso. Menos reconocer que en algo se falló para no rematar los deberes, cualquier error ajeno se ve sospechoso.

Han pasado cosas que huelen mal, pero en todas priman los indicios sobre las pruebas. La sorprendente salvación del Granada haciendo en veinte días más que en nueve meses, aquel empate del Dépor en casa del campeonísimo y ahora la delirante bajada del telón en Segunda. Con el Girona y el Racing como damnificados y no por el mero hecho de fondo de haber sido las víctimas, sino por las formas en un último minuto de la Liga como resulta imposible recordar.

Como testigo presencial del Betis-Sporting he de confesar que aquello olía a victoria visitante desde que echó a andar. Creo que es injusto que el club gerundense arremeta contra el Betis porque nunca puede demostrarse que un equipo pierde porque quiere o pierde porque no puede dar más de sí. El partido era un clavo ardiendo al que se asía el Sporting y del que huía un Betis al que le habían bastado cuarenta partidos y no cuarentaidós para alcanzar su meta.

Dicho lo dicho, hay que tener en cuenta que cuando el partido de Heliópolis acabó, el Girona estaba en Primera y fue el propio equipo catalán el que no supo conservar el botín. Me parecen legítimas las reacciones catalanas, pero bien harían en reconocer que fue su equipo el que tiró todo por la borda. Depender de sí mismo y echarle luego la culpa al empedrado de que las cosas se torcieron no viene a cuento. En fin, que un año más la última jornada no está libre de sospecha.

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