La ventana

Luis Carlos Peris

La lectura como acto masoquista

AUMENTAN de manera espectacular los deseos de bajarse en la próxima, así de claro. Hay que ver cómo venían ayer los papeles, que a la nota negra habitual de esa corrupción que cada día descubre un capítulo más se unía la macabra historia del tipo ese que en Bilbao se hacía pasar por monje guerrero seguidor de Buda y que en realidad es un asesino de muy señor mío. Sólo le faltaba a la negra realidad que nos circunda un asesino en serie, como si no hubiera asesinos a granel que nos han ido matando la ilusión y la fe en este modelo de sociedad. Un shaolín que mata como guinda para este nauseabundo pastel mientras la impagable Mercedes Alaya continúa sacando cerezas pestilentes de la increíble canasta de los ERE. Un sádico que ha sembrado Bilbao de restos humanos era lo único que faltaba para que la lectura matinal de un periódico se convierta en un ejercicio de masoquismo.

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