Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Muy lejanos

CANIS malcriados, adultos pusilánimes y El Cordobés recordando que se crió sin padre. Enmarcan a estos personajes en aquellos vaqueros spots de Marlboro, crean un argumento entre Aída, Tierra de lobos y Hermano Mayor, y ya tienen algo nuevo. O eso creen en Cuatro. Matices que diferencian a Padres lejanos de otros programas de domadores de fieras sociales, espacios que se regodean en la violencia juvenil y en las miserias intelectuales. Después le añaden psicólogos, terapias, buenos propósitos y momentos tiernos, pero estamos de nuevo ante un puro entretenimiento, que paladea las palabrotas y los ojos fuera de órbita, con la coartada de la rehabilitación. Eso sí, mayoría andaluza entre los participantes. Ni el New York Times.

Ante Padres lejanos se confirma que la última persona que conservará su empleo en España será Supernanny, porque nunca le va a faltar materia prima; y que ser encargado de casting para los programas de Mediaset debería ser considerado profesión de alto riesgo.

La cuadrilla de padres e hijos iracundos se ha trasladado a la Patagonia, para convertirse en ganaderos que han de conducir a trescientas reses por las laderas más pedregosas mientras pasan hambre y problemas y se les agudiza el instinto de conflicto que han de aliviar con loables objetivos y palabritas de cataplasma. Un reality pasado por el filtro de Marcial Lafuente Estefanía, todo un referente literario español.

El Cordobés, al que ya conocimos por aquí en concursos sin mucha fortuna de Canal Sur, traga saliva y llega a desesperarse con todo este ganado, mientras posa y pone caras al horizonte. Entre un victorino y una adolescente pegando un contundente puñetazo a un cámara creo que el maestro se decanta por volver a los ruedos. Y los niñatos, bien lejos.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios