DE POCO UN TODO

Enrique / García-Máiquez

La letra pequeña

CUÁNTOS comentarios ha ido generando la Eurocopa: épicos, líricos, dramáticos, epigramáticos, bucólicos, históricos, políticos, patrióticos, pesimistas, surrealistas, económicos, morales, rencorosos, generosos, esponjosos, minuciosos, repetitivos... Lo digo porque los hemos leído, y aquí es donde quiero poner el acento.

"Los hemos leído". A pesar de que vimos los partidos en directo con estos ojos nuestros en pantallas más o menos gigantes, con repeticiones continuas y comentados a cuatro o cinco voces, hemos acudido a los periódicos, y no sólo a los deportivos ni mucho menos, para leer las crónicas y los comentarios y las puntuaciones a los jugadores y todo. Hemos visto a la gente bebiéndose los papeles y las páginas electrónicas (que eso da lo mismo).

Para la crisis del sector, es una lección. Contra eso de que la imagen vale más, que la prensa escrita ha interiorizado con pulsión autodestructiva, ya disponíamos de la aguda respuesta de Millôr Fernandes: "Si una imagen vale más que mil palabras, que diga entonces eso con una imagen". Lo que contamos de esta Eurocopa es significativo.

Ya en los años veinte Julio Camba detectó el origen de la crisis del periodismo en su afán por dar la última noticia antes que nadie y con el mayor escándalo: "Las noticias del día nunca se podrán adelantar en más de veinticuatro horas. El tamaño de los titulares nunca podrá exceder de una cuarta. Y cuando un periódico haya alcanzado estos límites, tendrá forzosamente que paralizarse". Qué listo Julio Camba: la salvación de la prensa está en el reposo reflexivo del día después y en la finura de análisis de la letra pequeña.

La cuestión importa no sólo por la conservación de un sector económico y de los géneros literarios que le están aparejados, y que amamos tanto, sino sobre todo porque el completo acercamiento a la realidad sólo se puede culminar desde la escritura y la lectura. Por supuesto, esto tendría que notarse en el cuidado creciente de los propios periódicos a su expresión y a su pensamiento, pero tampoco estaría de más que se dejara sentir, de paso, en sus promociones. En vez de películas, que están muy bien, pero que juegan en otra liga, habría que apostar por los buenos libros, aunque fuesen de cine. Es en la pasión por la lectura donde se la juega el periodismo. Aprovecho la ocasión para proponer una colección de antologías de textos periodísticos con artículos y reportajes de los clásicos, como Larra, el propio Camba, Ruano, Foxá, Pemán, Chaves Nogales, etcétera, hasta llegar a Bejarano y nuestros días. La colección podría llamarse Columnata. Sería un proyecto inédito.

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