Visto y oído

Antonio / Sempere

Otra liga

CAMINO', de Javier Fesser, juega en otra liga. La del cine grande, la del diseño de producción gigante, la de las obras ambiciosas con capacidad de riesgo. Polémicas aparte, y otros rincones tienen los periódicos para ello, y ciñéndonos al séptimo arte, al cine-cine como el café-café, cabría decir que Camino es mucho Camino. Es producto industrial y es producto artístico. Cuidadísimo. Estimulante. Doloroso. Muy doloroso. Una película llena de mixturas. Una historia sobre la vida y la muerte, sobre el amor y el dolor, sobre la esperanza y sobre las formas de afrontar el destino. Una película con componente onírico, a la que no sobran Cenicienta ni los ratoncillos ni los ángeles. Javier Fesser es fiel a sí mismo y no se traiciona. Decimos que es un giro en su carrera, pero es un giro muy coherente. Porque todo el artificio y el poderío formal de P. Tinto y de Mortadelo y Filemón vuelven a estar presentes, aplicados a una causa dramática. Ver 'Camino' por televisión o en el portátil supone ver la mitad de la mitad de la obra de Fesser. Camino es cine grande para ver en pantalla grande.

Todo esto, lo del cine serio, el cine bien hecho, el cine con una factura soberbia, con forma y con fondo, aunque parezca obvio, tiene su vigencia. Los lamentables resultados de los estrenos españoles de la última semana, procedentes de Sitges, así lo atestiguan. Sexykiller conectó con un público muy reducido. Santos, de Nicolás López, ni siquiera lo encontró. Dio pena, verdadera pena, asistir a la supresión de pases y pases durante el fin de semana porque ni un solo espectador se había acercado a verla. Eso no ocurrirá con Camino, que a nadie dejará indiferente, y que visto lo visto debería contar con el mayor número de nominaciones a los Premios Goya de este año.

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