Azul Klein

Charo Ramos

chramos@grupojoly.com

Entre linces

El documental 'Dehesa' y las fotografías de Pizarro acercan al mundo la riqueza medioambiental peninsular

La cartelera sevillana y la exposición en Cajasol de los premios World Press Photo, que coronaron en su última edición a nuestro jefe de fotografía Antonio Pizarro, han vuelto los ojos al lince, el rey del bosque ibérico y un emblema de las políticas medioambientales que Andalucía impulsó durante varias décadas. Joaquín Gutiérrez Acha, que rodó en la sierra norte de Sevilla parte de su película Dehesa, recién estrenada en los cines, advertía en este medio de que tanto el lince como el águila imperial siguen estando en peligro de extinción, y no sólo por el impacto de la actividad humana y el cambio climático, sino por las amenazas que se ciernen sobre su principal fuente de alimento: el humilde conejo. La mixomatosis y la enfermedad hemorrágica del conejo están dando al traste con las poblaciones de este peludo mamífero cuya presencia nos parece tan cotidiana que la damos por amortizada, asumiendo que estará aquí eternamente. El paisaje de la dehesa, exclusivo de España y Portugal, es uno de esos endemismos ibéricos ante los que apenas reparamos pero que sorprenden por su diversidad biológica y su belleza fuera de nuestras fronteras, motivo éste que ha llevado al equipo de Gutiérrez Acha, con el apoyo de la productora Wanda, a pasarse más de dos años fotografiando y rodando parajes genuinos de la península con el objetivo de que su película llegue como documental al mayor número de países posible -algo que garantizará la distribución a cargo de la multinacional austriaca Terra Natura- y exponga una visión auténtica de las riquezas que alberga nuestro suelo. Contra esa percepción de España como un país de camareros al que los bárbaros del norte confundían con un resort turístico donde beber, festejar y hacer ruido sin mayores trabas, todos los esfuerzos a la hora de presentar la España real, que no necesariamente es la que recorre un litoral cada vez más esquilmado y moteado de urbanizaciones, me parecen sensatos y dignos de atención. Este año el turismo interior creció exponencialmente por las dificultades para coger aviones y pernoctar fuera de España. El ruralismo es cada vez menos una moda y más una tendencia sociológica a la que la pandemia nos aboca. No está mal por ello que reflexionemos sobre lo que Andalucía ha hecho bien en materia de conservacionismo. Evidentemente queda mucho por mejorar, pero las declaraciones de parques naturales, las restricciones al desarrollismo y a la edificación en zonas costeras, e incluso el apoyo al lince ibérico son emblemas de una manera de hacer política que nos reporta más crédito internacional que tantas licencias para veladores y franquicias, o que la barra libre para la apertura de pisos turísticos y hoteles que, como vemos a diario, no han garantizado el empleo estable y de calidad en nuestras maltrechas economías.

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