Su propio afán

enrique / garcía-máiquez

Uno que se llama Pedro

EL vendedor nigeriano de pañuelos de papel en los semáforos de Sevilla se llama Pedro. Se encontró un maletín con 3.000 euros largos en efectivo y 13.000 en cheques, y lo devolvió enseguida, intacto, a la Policía. La noticia sale a la luz a la par que la petición de 19 años de cárcel para Urdangarín, duque de Palma, por llevarse lo que no era suyo. El contraste está clarísimo. Y sale cuando todavía colea el asunto Errejón, mucho menor que el del duque, aunque comparado con Pedro…, pero aquí lo dejo, que si nos complicamos con todas las comparativas posibles no concluiríamos nunca.

E interesa concluir. Porque las declaraciones de Pedro hay que oírlas. Aviso que pueden herir ciertas sensibilidades. Resulta que el benefactor que vende pañuelos en los semáforos de Sevilla ha explicado sus motivos. Son dos o tres.

Pedro cree en Dios. Por supuesto que se puede ser un inmigrante pobre que vende pañuelos de papel en los semáforos de Sevilla y devolver un maletín con más de 16.000 euros sin necesidad de creer en Dios. Pero Pedro, preguntado por sus razones para no quedarse al menos con los 3.000 euros en metálico, que no los levanta en muchos meses a la intemperie tragando humos en los cruces de Sevilla, preguntado, lo dice claro: yo creo en Dios. Y eso a él, como a tantos a lo largo de la historia, le ayuda a afinar su conciencia, con perdón.

En segundo lugar, Pedro cree en la propiedad privada y en el fruto de su trabajo. Ha dicho: los céntimos que yo gano son míos, ese dinero no era mío, sino de otro. Punto. Quizá alguien más instruido en teorías sobre la distribución de las rentas (tan justa, oh, desde luego, desde luego) y en la proporcionalidad fiscal y en toda la pesca se habría topado con constructos ideológicos que habrían dificultado algo la devolución del líquido del maletín. Lo habría devuelto, no lo dudo, no, pero con más mérito de su parte, venciendo enrevesadas inquietudes político-sociales-filosóficas que Pedro no tuvo. Por último, hace una pudorosa referencia a su madre, pero muy oportuna y emocionante.

Se puede ser honradísimo y de ideas muy distintas a las de Pedro, faltaría más. Pero costaría mucho encontrar un líder conservador hoy en España con los principios tan nítidos como nuestro admirado nigeriano de los semáforos. Ni más coherente. Es un auténtico referente político para mí, además de un alto ejemplo moral para todos, como es obvio.

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