La ciudad y los días

carlos / colón

Lo que se llevó la censura

RECORDABA ayer, como en nuestras páginas hacía el compañero Luis Carlos Peris, el 75 aniversario del estreno de Lo que el viento se llevó, la película más taquillera de la historia del cine y una obra maestra que al principio fue tan infravalorada por la crítica como amada por el público. Dándole la razón al segundo, el American Film Institute la ha elegido como la cuarta mejor película americana de todos los tiempos, la segunda mejor historia de amor y la cuarta mejor obra épica; su famosa réplica Frankly, my dear, I don't give a damn como la mejor frase y su partitura de Max Steiner como la segunda mejor banda sonora. Gracias al genial diseño de producción de W. Cameron Menzies, que proponía un uso vanguardista de la luz y el color, al tesón del productor David O'Selznick para hacer realidad sus extraordinarias ideas visuales y al talento del director de fotografía Ernest Haller para convertirlas en imágenes, Lo que el viento se llevó, además de un soberbio espectáculo, es una obra de arte.

Pero lo que a nosotros nos interesa es su llegada entre nosotros. Si ayer se cumplieron 75 años de su estreno en Atlanta, en España este aniversario no se podrá celebrar hasta 2025. Primero porque en 1939 no estaban las cosas para importar películas. Después porque cuando en 1943 Metro Goldwyn Mayer cerró con el Gobierno de Franco el primer acuerdo de exportación de la posguerra, anunciado a página entera en todos los periódicos ("Un saludo a través del mar. Nuestros amigos españoles podrán gozar la satisfacción de un selecto entretenimiento en estos tiempos de inquietud… Las películas son la vanguardia de los días felices, los embajadores de la buena voluntad. ¡A la felicidad por la vía del cine!"), el carácter liberal de Escarlata y el cinismo de Rett chocaron con la censura.

Y la película se prohibió durante siete años, no estrenándose hasta el 17 de noviembre de 1950 en el Palacio de la Música de Madrid y el Windsor Palace de Barcelona tras las presiones comerciales y diplomáticas americanas sobre el mismísimo Franco, que la visionó en su cine privado del Pardo antes de ordenar a la censura que hiciera la vista gorda. Razones tenía porque tres meses antes Estados Unidos había aprobado en el Proyecto de Ley General de Asignaciones un crédito de 62 millones de dólares para España. A Sevilla tardó un año más en llegar… Pero eso es otra historia que dejo para mañana.

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