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Desde mi córner

Luis Carlos Peris

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Lo lógico sería una final vasca en La Cartuja, pero...

Tras abrir el bombo las semifinales es muy arriesgado pronosticar en esta Copa de locura

Tregua aparente en la Copa gracias a un bombo que abrió las semifinales para deparar la posibilidad de una final vasca entre los dos grandes de aquella zona. Y es que el cupo de sorpresas ha sido tan ilimitado a largo de la competición que sólo hubiera faltado la colaboración del bombo. Y ahora, una pregunta, la de que si este formato tiene ya señalada la fecha de caducidad o si, por el contrario, será su existencia tan larga como se pregona.

Los cuartos de final no han podido ser más sorprendentes desde el gol de Soldado a su ex equipo que llevaba al éxtasis a toda Granada hasta el que, también sobre la última campana, lograba Williams con la coronilla para poner a San Mamés olisqueando gabarra. En el ínterin, la enésima demostración de que no hay enemigo pequeño mediante el derroche de energía y fútbol del Mirandés y el suspense postrero en Chamartín que oscureció la exhibición de la Real.

Ha sido esta recuperación de la clasificación a bala única mucho más interesante de lo que se esperaba, con grandes y menos grandes cayendo poquito a poco para desembocar en estas semifinales que ayer se sorteaban. Y de estos cuartos de final también sale muy tocado el VAR con los eliminados bramando contra el invento. Bramando por las decisiones, escudriñadoras con frecuencia, o por la falta de decisiones en otras, léase el clamoroso penalti de Capa a De Jong no señalado.

Y este formato copero que ha dejado tan llenas de ilustres sus cunetas no se sabe hasta cuándo va a estar vigente. Los sofocones han sido mayúsculos en entidades de evidente peso específico, por lo que mucho habrán cambiado las cosas en nuestro fútbol si la Copa del Rey se perpetúa. El jueves fue tremendo cómo discurrió en el Bernabéu y en San Mamés. Ahora sólo cabe desearle suerte al único representante andaluz, ese Granada que ha llevado a su ciudad al éxtasis.

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