Plaza nueva

Luis Carlos Peris

Un lunes muy particular

LUNES, otra vez lunes, pero no es un lunes cualquiera, sino el primer lunes de un año que nos aparece con una cara de lunes de no te menees. Aunque todavía queda Reyes con su carga de ilusión y consumismo, esa droga euforizante que supone la Navidad para un considerable contingente de humanos ya pasó a mejor vida, o a peor, que nunca se sabe. Navidad, inocentadas y la Nochevieja con esa obligación de reírse venga o no a cuento y de aguantar las impertinencias del serio que se pasó de frenada en la cosa alcohólica y que no deja de tirar confetis y de hacer el oso, un tiempo en que se adormecen las entendederas y se emprende una desenfrenada carrera que tiene toda la pinta de ser una huida hacia adelante... hasta que llega hoy, lunes total por mucha cabalgata que nos espere en el horizonte más cercano.

No es éste un lunes más, no puede serlo. Ni siquiera el último embate consumista del tiempo más consumista del año puede disfrazarlo con ropajes optimistas. Cuando Baltasar haya dicho adiós será cuando nos demos cuenta de la cruda realidad de este primer lunes de 2009, año que se aparece con un insoportable aspecto de lunes, con el color marrón del lunes más marrón que recordamos. Y que conste que servidor respira por la herida que abren a diario esos expertos que no supieron evitar la llegada de la crisis. Las fiestas navideñas han sido como un alto en el fuego para la depresión y los malos presagios. Cómo serán los presagios que las rebajas empezaron antes de que se cerrase el control para los regalos de Reyes. Cómo será el panorama para que el comercio renuncie a la posibilidad de ganar en aras a otra posibilidad muy posible, la de perder lo menos posible.

En un tiempo aún cercano, en estas fechas arrancaba un tiempo de austeridad vocacional. Consistía en cuidarse, en empatar el partido que habíamos perdido por goleada ante la bandeja de turrón, el plato de chacina y la desmesura en la ingesta de alcoholes varios. Como aconseja mi entrañable Antonio Escribano, martillo de obesos y aliado irredento de la báscula, el partido se empata o se va al caos del chaparrón de kilos y de colesteroles malignos. Y en ese tiempo aún tan cercano se repoblaban los gimnasios para restañar los efectos de la gula, pero lo que viene es distinto. La crisis y el gimnasio no van, precisamente, de la mano. Con la crisis no hace falta el gimnasio para nada y después de este primer lunes del temible 2009, tampoco el consejo del nutricionista será necesario para recobrar la línea. Resta lo de esta noche, pero con el roscón se le da carpetazo a la cabalgada consumista de estas fiestas. Al menos es eso lo que proclaman los expertos que no supieron poner el parche antes de que brotase el grano, vaya grano...

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