crónica personal

Pilar Cernuda

La machada

LO advertía una ministra el día anterior a la comparecencia parlamentaria del presidente, cuando se le preguntaba si iba a anunciar medidas de ajuste o esperaría al Consejo de Ministros del viernes: las anunciaría en el Congreso de los Diputados, asumiendo así la responsabilidad personal además de la política. Y añadía que "el presidente va a hacer una machada. Este Gobierno lleva meses diciendo lo que hay que hacer pero quienes deben hacerlo, en muchos casos las comunidades autonómicas, no lo hacen. Rajoy va a ejercer su autoridad y reiterar que el ajuste se va a hacer se ponga la gente como se ponga".

"Hago lo único que puedo hacer; no me pregunto si me gusta", fue la frase que dejó en el hemiciclo un Rajoy que habló con la firmeza de quien está absolutamente decidido a que se adopten las medidas que el Gobierno considera indispensables para enderezar la situación. Medidas impuestas por Bruselas, el Banco Central Europeo y el FMI, es cierto, pero que el presidente ha hecho suyas con la misma convicción que si las hubiera meditado una a una para llegar a la conclusión de que eran inevitables. "No me pregunto si me gusta". Va a ser que no, porque a nadie gusta meter un país en cintura, o más bien a los ciudadanos de ese país, ciudadanos agobiados desde hace años por una crisis insoportable. Por tanto, es fácil deducir que no le gusta, y fácil deducir también que sabe que se juega su futuro político y el de su partido. Pero cree firmemente -y así lo ratifican sus colaboradores- que no hay más salida que la que ha marcado este miércoles.

Además de cumplir las medidas milimétricamente -la mayoría de ellas muy gravosas, sobre todo la subida del IVA en tres puntos y la reducción de la prestación del desempleo a partir del sexto mes- va a obligar a las autoridades autonómicas a aplicarlas en su territorio. O sí o sí. Con una novedad en el Consejo de Política Fiscal y Financiera en el que el ministro de Hacienda se reúne con los consejeros de Economía: cada consejero tendrá que hacer públicas las cuentas de su gobierno para demostrar que cumple los acuerdos de la Ley de Estabilidad; de no hacerlo, que dé las explicaciones oportunas a sus compañeros. Y si insiste en su postura de no cumplir la Ley, su comunidad será intervenida, gobernada por las instituciones del Gobierno central.

Da la impresión de que Rajoy no está para bromas, que ha tomado muy buena cuenta de lo que le exigen desde fuera para ayudar a España en el proceso de salir del abismo, y que está absolutamente decidido a que tanto su gobierno como los gobiernos autonómicos hagan los obligados ajustes. Aunque tenga la calle en contra, aunque los funcionarios se pongan en huelga, aunque la oposición le intente colocar contra las cuerdas.

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