La ventana

Luis Carlos Peris

La malajá de peregrinar por asfalto

CANTABAN los Hermanos Reyes, allá por la década prodigiosa, que el que quisiera ir al Rocío fuese por las arenas, no fuera a ser tan malaje de ir por la carretera. Bueno, pues cincuenta años después, a la fuerza ahorcan y este tardoinvierno que se nos ha venido encima obligará a pecar de malaje a la inmensa mayoría. El Guadiamar parece una especie de Nilo a su paso por Quema y la Raya Real, San Mamés en tarde de manguerazo. Si ya era habitual que las cornetas y los tambores, al igual que los clarines, hiciesen de rogativa que paliase la sequía, ahora ha ocurrido lo mismo con la gaita y el tamboril. Todo este cahíz de Andalucía la Baja aparece como si fuese un arrozal marismeño y, claro, las hermandades han tenido que variar de planes y caer en la malajá de cambiar carriles y caminos por asfalto aun a costa de caer en una malajá tan cortita de cartel.

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