Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Cuando los malos parecen buenos y viceversa

AUNQUE espuriamente asaeteado y con los intereses bastardos multiplicándose en la tarea, mientras recursos y más recursos alargan un proceso tan nocivo que hasta hace peligrar la supervivencia, el Real Betis Balompié muestra unas constantes vitales sorprendentemente vigorosas. Y así, tras aquel simulacro gerundense que derivó a noticia gozosa, el equipo reaparece en esta noche de víspera festiva ante su estupefacta gente.

Es delirante la atmósfera creada, gestada, desde trincheras que calladitas estarían más presentables. Resulta que, mientras se entorpece el curso judicial con chinitas y más chinitas legales, siempre legales, se está volviendo la opinión como se vuelve un calcetín. Aparentemente y como por ensalmo, que no lo es, la película parece virar y los malos en el planteamiento se han convertido en los buenos cuando el nudo aparece en la historia y el desenlace ni está ni se le espera.

Aquí se ha puesto a funcionar el ventilador para que cuestiones inocuas parezcan delictivas y ni se recuerde ya aquel informe de la Benemérita que desvelaba un desparrabo impensable. Se está obrando de tal manera que aquellos que echaron a los mercaderes del templo son hoy los causantes de todos los males que acosan a este pobre Betis que si siempre fue un milagro viviente, ahora bien pudiera figurar en el camarín de exvotos, ya sea en Fátima o en Lourdes.

Y a todo esto, el Betis de Juan Merino, ese que dio la cara en el infrahumano pleito de Palamós, reaparece para un registro distinto. La Copa bien debiera ser como un desahogo en la presión que supone la obligatoriedad liguera. Es con un equipo de Primera que bien podría ser de Segunda y ocasión para un disfrute exento de ese estado de ansiedad que envuelve a la institución. Las vueltas que da la vida; los malos santificados, la propia vida, el Betis, lo de siempre.

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