La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Los manijeros de la nueva concordia

El concejal Rafael Belmonte y el letrado Galisteo son claves para que el PP y Vox se puedan entender en un futuro próximo

Los manijeros de la nueva concordia Los manijeros de  la nueva concordia

Los manijeros de la nueva concordia

Si don Álvaro Pimentel se entiende con mi Juan (Espadas) en el Ayuntamiento de Sevilla, al cual permite un gobierno sin dificultad alguna en lo que resta de mandato, hay que dirigir la mirada por fuerza hacia el PP. ¿Qué hacen los chicos de Beltrán Pérez en el denominado palomar del Ayuntamiento? Son ocho concejales, oiga. Pues haría bien el señor Pérez en entenderse con los señores de Vox, por lo que pudiera ocurrir... Al igual que ha hecho el señor Espadas al pactar con maese Pimentel, si yo fuera Beltrán Pérez no me montaría en la tabla de surf, porque me tiraría el viento a la primera, pero sí me iría procurando el apoyo de la señora Peláez (Cristina), del letrado Galisteo (el Gran Visir) y del verdadero hombre de Santiago Abascal en Sevilla, Javier Cortés. El PP no tiene otra salida que entenderse con Vox, esperar a que Espadas deje la Plaza Nueva y se consagre a la aventura autonómica, y aspirar a la mayoría suficiente para recuperar el gobierno.

Hace bien Beltrán Pérez en confiar en el concejal Rafael Belmonte la interlocución con los concejales de Vox, ya sea en la piscina social del Real Círculo de Labradores o en otros foros reconocidos de la ciudad. Votante del PP no hay camino, lo hace Belmonte al andar. Unos y otros deben entenderse si mi Juan pega la espantá. Y hace bien Cortés en confiar en uno de sus militantes más serios, solventes y moderados como el letrado Fernando Rodríguez Galisteo. Ojo a esta concordia de la derecha, a un posible pacto de no agresión, a un vamos a llevarnos a bien en el Mercantil (Galisteo) o en el Labradores (Belmonte). Mientras muchos militantes de los principales partidos practican el denominado turismo de elecciones y se pegan el homenaje en Cataluña, en Sevilla se cuecen saludables alianzas, pero siempre y cuando mi Juan decida querer desembarcar en ese aparato gigante, plúmbeo, incontrolable, necesariamente técnico y amorfo que es la Junta, una entidad que a este buen socialista le chifla más que la ensaladilla de Becerrita al alcalde de Almería en tiempos en que su tierra tiene los bares clausurados.

Porque en Sevilla todo el mundo sabe quién entra y quién sale de Becerrita, es el mejor escaparate, donde se puede uno exhibir, ya sea en la terraza, en la barra o en los comedores. Y como dice don Jesús Becerra, su dueño, no hay que perder de vista a los usuarios del carril bici, que pueden en cualquier momento coger al vuelo las croquetas de los clientes de la terraza. Si usted quiere que le vean de verdad, vaya a Becerrita, acceda bien por la entrada de Recaredo, bien por la de Guadalupe. Quién sabe si allí se ven pronto los del PP y los de Vox. Tal vez dependa de Belmonte. O de otros...

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