La esquina

josé / aguilar

En las manos del juez

MENOS mal que Montesquieu no ha muerto, que la independencia del poder judicial sobrevive a las constantes zancadillas y hasta torpedos que intentan socavarla y que hay jueces que se la toman en serio sin necesidad de ambicionar el estrellato. Como Pablo Ruz, el magistrado de la Audiencia Nacional que instruye el caso Bárcenas y ha mandado a la cárcel al ex tesorero chantajista.

De no concurrir estas felices circunstancias se habría producido la siguiente situación: Mariano Rajoy seguiría enrocado en su silencio sobre los manuscristos, verdaderos o falsos, de Luis Bárcenas acerca de la financiación irregular del PP, sus ingresos presuntamente ilícitos y sus pagos presuntamente ilegales, y el Grupo Popular vetaría, como va a hacer, la urgente comparecencia de Rajoy en el Congreso para dar las explicaciones que los españoles merecen por pura dignidad de ciudadanos de una sociedad democrática.

Rajoy seguirá callado, lo mismo ante la prensa que ante los diputados, pero Pablo Ruz evitará el ominoso mutismo que se pretende verter sobre el escándalo. Nada más volver de un viaje de trabajo, el magistrado ha citado a declarar a Bárcenas el próximo lunes para que aclare el contenido y la veracidad de las anotaciones contables que facilitó él mismo a un periódico nacional. Ya conocen lo que allí está apuntado: las donaciones de empresarios y contratistas al PP y los pagos de sobresueldos a dirigentes del partido que a la vez eran cargos públicos. Entre ellos, Mariano Rajoy, ministro en dos carteras sucesivas durante el primer Gobierno de Aznar.

La diferencia entre los papeles de Bárcenas conocidos en enero y el papel difundido en julio la ha establecido el propio ex tesorero: aquéllos eran fotocopias manipuladas cuya autoría negó desde el primer momento, y éste lo ha suministrado él mismo y con juramento de autenticidad. La diferencia obedece, claro es, al cambio de su estrategia de defensa. Entonces amenazaba con hacer daño al PP y ahora, como ha fracasado, hace realidad la amenaza. Si ha de morir, que sea matando.

Lo bueno es que el juez Ruz está decidido a comprobar si los papeles son de verdad o de mentira y, sobre todo, a no permitir que Luis Bárcenas los administre a su conveniencia (como ha hecho el socio de Urdangarín en el caso Nóos). Y lo mejor es que sabemos que Ruz obrará en consecuencia. El silencio está sentenciado.

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