Tribuna Económica

gumersindo / Ruiz

L a medida de nuestra ignorancia

UN grupo de economistas del Servicio de Estudios del Banco de España ha publicado, en su Boletín de septiembre, un artículo acerca de los efectos de la reforma laboral sobre el mercado de trabajo; no deberían haberlo hecho, porque como ellos mismos confiesan no llegan a ninguna conclusión. Las limitaciones teóricas y técnicas de algunos trabajos que vemos publicados últimamente se explican, en mi opinión, por dos motivos: uno, la necesidad de justificar lo injustificable, esto es, que las llamadas reformas tienen que tener un efecto sobre el empleo y la reducción de la deuda; y otro, que los que escriben carecen de un magisterio, una orientación intelectual que les haga ver las cuestiones económicas en su compleja realidad.

Qué diferencia con los escritos de nuestro añorado amigo, el profesor Luis Ángel Rojo, que fue director de ese Servicio de Estudios. Por tomar uno de sus trabajos de divulgación sobre el tema, podría leerse: Desempleo y factores reales, publicado en Papeles de Economía allá por 1982. Recuerda Rojo que los salarios deben analizarse en términos de producción, netos de cotizaciones y de impuestos, esto es, los ingresos reales disponibles, lo que hoy es imprescindible tras las fortísimas subidas de impuestos, con efectos desconocidos sobre la distribución de las rentas y el consumo; y que la productividad hay que verla en relación a lo producido, distinguiendo entre incrementos activos en la productividad del trabajo por la incorporación de progreso técnico, de incremento por reducción del empleo y salarios, como está ocurriendo ahora en España y Andalucía.

Los autores del artículo no pueden llegar a ninguna conclusión porque los datos sólo muestran que no se crea empleo, y las medidas sólo han hecho hasta ahora facilitar el despido y reducir los salarios. Hay un argumento simplista, que pone la salvación de las empresas en la flexibilidad laboral, pero esto que puede ser válido para las pequeñas y muy intensivas en mano de obra del sector servicio, no lo es en una recesión económica. Por ejemplo, nadie va a contratar trabajadores que no necesita en la construcción; las empresas del sector de la cerámica dependen principalmente del coste energético que al encarecerse provoca el cierre de muchas de ellas; exigencias regulatorias pueden dar la puntilla a empresas que operan casi sin margen; las limitaciones de liquidez son la causa del desempleo en actividades autónomas tradicionales; el encarecimiento repentino de un 13% en el IVA, puede poner en riesgo el negocio de un campo de golf y supone más que el crecimiento de los costes laborales de varios años.

Sorprende a los autores del artículo que los descuelgues de los convenios y modificaciones de condiciones laborales sean más frecuentes en las empresas grandes; pero es que las pequeñas ya han venido haciendo ajustes, o no han sobrevivido. La variación media pactada en los convenios en Andalucía se mueve en los últimos años alrededor del 1%, pero una economía no oficial, informal, que se calcula en el 25%, recoge todo tipo de ajustes en un mundo subterráneo del que sólo tenemos evidencia anecdótica, pero que es tan real como la vida misma.

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