La esquina

josé / aguilar

Los tres méritos de Podemos

NO se había visto nada igual: una fuerza política que en el tiempo que dura un embarazo escala al tercer lugar del ranking nacional (y al primero en intención directa de voto, que es un dato menos significativo a la hora de la verdad electoral). Mejor dicho, sí se ha visto la aparición de estrellas fugaces, que han brillado un rato y luego se han apagado. No es el caso de Podemos, que seguirá presente y activa.

Presente y activa, y también influyente en un grado que todavía no somos capaces de precisar. Falta la prueba del nueve: la concurrencia a unas elecciones generales. Pero Podemos, con su vocación de convertir la indignación ciudadana en cambio político -fue el lema de su manifiesto, allá por enero pasado-, va a quedarse, y seguramente puede presumir por adelantado de haber transformado el sistema político español de bipartidista en tripartidista. El sueño frustrado de IU y UPyD hecho realidad. Ni Cayo Lara ni Rosa Díez. Pablo Iglesias, que se ha ganado ya el derecho a no ser nombrado nunca más como el tío de la coleta.

Tiene mérito Podemos, porque la corrupción, el paro y la desigualdad no son suficientes para explicar su irresistible ascensión. Ni siquiera la insensibilidad de los partidos tradicionales ante lo que se estaba cociendo en la calle airada ni su ineludible responsabilidad en el deterioro del régimen nacido de la transición democrática, con algunos síntomas de pudrición. ¿Qué han puesto ellos de su parte? Por un lado, la inteligencia para construir una organización distinta a las demás por sus prácticas de democracia directa y por su capacidad de vehicular la cólera nacional desde la fatalidad hacia el activismo. Por otro, el dominio de las técnicas de comunicación de la sociedad contemporánea. Han entendido como nadie que las tertulias televisivas y las redes sociales valen mucho más que los mítines y las ruedas de prensa.

En tercer lugar, la gran habilidad de disfrazar su populismo de extrema izquierda de origen con los vistosos ropajes de la transversalidad. Por ahora les ha bastado con desplegar el banderín de enganche de lo que aspiran a destruir, con el cual se puede pescar en caladeros sociales y políticos variados. Y conforme pasa el tiempo y se acercan las elecciones suavizan sus propuestas, moderan su lenguaje y se trabajan la humildad.

También se benefician de no haber traspasado la edad de la inocencia. No les ha dado tiempo a mancharse, mientras sus adversarios están demasiado sucios.

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