Crónica Personal

Pilar / cernuda

Cinco millones

CINCO millones de parados no puede ser una buena noticia, casi 60 mil familias se han sumado a las que ya vivían momentos -o años- de angustia por la falta de empleo. Sin embargo, la cifra de paro del mes de febrero es en cierto sentido un pequeño balón de oxígeno si se compara con la de hace un año. Hasta los socialistas han dicho que los datos son "algo mejores", aunque otros partidos de la oposición que nunca han gobernado se han apresurado a criticar sin piedad a los responsables de empleo y han dicho que las medidas de fomento laboral no sirven, la reforma laboral no sirve y las medidas para crear empleo juvenil no sirven. Cualquiera que haya tenido responsabilidades de gestión sabe que se necesita cierto tiempo para calibrar el alcance y la eficacia de las iniciativas que se toman.

Cinco millones de parados son muy mala noticia, pero al menos el Gobierno y los agentes sociales no están cruzados de brazos. La reforma laboral, en este momento una máquina de sumar despidos, debe ser el punto de partido de una etapa de creación y consolidación de empleo, es algo en lo que coincide gente solvente y profesional, de dentro y de fuera de España, aunque queda todavía un tiempo de ajustes por delante. Y ya se sabe que, diga lo que diga el diccionario, ajuste es sinónimo de malos tragos. Pero la reforma laboral permite que miles de empresas que no tenían salida puedan hacer cambios de plantilla, fortalecerse y salir adelante contratando a medio plazo el personal necesario para seguir en el mercado. La mayoría de esas empresas habrían echado el cierre definitivo porque no tenían posibilidad de disminuir la plantilla con menos indemnización para los salientes. Que echen un ojo alrededor los amigos de comparar lo nuestro con lo que ocurre en otras latitudes, por ejemplo en los países centroeuropeos o en los nórdicos que siempre se ponen como ejemplo: ni uno solo indemniza con 45 días trabajados, ni con 30, y alguno hay entre los nórdicos que simplemente no contempla la indemnización.

Una reforma laboral que nos asusta porque recorta derechos que consideraba seguros. Pero la gravedad de la crisis económica ha obligado a tomar medidas que siendo difíciles de aceptar porque nos convierte en ciudadanos con estabilidad laboral muy disminuida, debilitados ante los empresarios y con obligaciones hasta ahora desconocidas, fortalecen las empresas, que a fin de cuentas son las que crean trabajo. Aparte del que crean los gobiernos, que cada vez son menos. El año pasado a estas alturas estábamos mucho peor.

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