La ciudad y los días

Carlos Colón

A la misma hora, en el mismo sitio

UN semanario alemán recogía estas palabras de un joven: "Nunca ha sido tan difícil hacerse adulto. Nos falta una orientación interior, una mano simbólica que tome la nuestra y nos guíe durante un trecho del camino… Anhelamos seguridades y -sí, eso también- ritos, cosas en las que poder confiar, que acontezcan una y otra vez a la misma hora y en el mismo sitio…". Lo refiere Klaus Berger -catedrático emérito de Teología del Nuevo Testamento de la Universidad de Heidelberg- en su apasionado y apasionante Jesús (Sal Terrae, 2009). No se me vengan abajo por lo de la teología, la cátedra y Heidelberg: es el testimonio personal de un erudito que, a sus 64 años y tras una vida de estudios, concluyó que "a Jesús no es posible entenderlo sólo con la cabeza" y escribió este retrato de "la persona de Jesús que llega al corazón".

Hoy, primer viernes de marzo, quiero compartir con ustedes el agradecido gozo por vivir en la ciudad que aún ofrece -del Tiro de Línea a San Lorenzo, pasando por San Antonio Abad- esa orientación interior; que aún tiende -Anunciación- esa mano que guía; que aún mantiene ritos llenos de vida y significado, y por ello capaces de sustentar y ordenar vidas; que aún ofrece -llamémoslas por sus nombres propios de hoy: Jesús Cautivo, Jesús Nazareno, Señor del Gran Poder- seguridades en las que se puede confiar. No hay una línea de este o cualquier otro libro que hable con razón y corazón de Dios que no esté esculpida en estas sagradas imágenes. Así son los dones que ofrece la ciudad.

Pese a quienes confunden seriedad con folclore negro y alegría con vulgaridad; convierten los templos en museos o escenarios de grotescas coreografías; se inventan pasados que no tienen, falsificando antigüedades con pátinas engañosas como si fueran anticuarios tramposos; tensan la Semana Santa entre los extremos de la beatería sin sangre y el carnaval sin Dios; creen que las marchas se escriben a mayor gloria de las bandas y no de Dios, los costales se ponen para el lucimiento de las cuadrillas y no de las sagradas imágenes, los pasos se montan como escaparates de enseres y no como altares, las imágenes se visten como maniquíes de una Pasarela Prioste y no con la discreción y el respeto que el trato con lo sagrado requiere. Pese a estas y otras cosas que pasan en nuestra Semana Santa, todavía hay muchos que saben adónde van y quién les guía. Estate tranquilo en tu nunca perdido cielo soleano, querido Joaquín. No hay nubes que puedan impedir que hoy, como el año pasado y el que viene, venga Jesús Nazareno por la vira de oro de la luz del primer viernes de marzo.

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