Sebka

Joaquín / de La / peña

El misterio

NINGUNA palabra hay que encaje mejor en este día que ésta. Porque entre la mañana y la tarde, la noche y la madrugada, unidos sin solución de continuidad, todo lo que pasará frente a nosotros estará envuelto de ese halo que hace incomprensibles los gestos, las actitudes, las vivencias, el mantenimiento intacto de tradiciones centenarias, las entregas y sacrificios que se contraponen a los valores de una sociedad envuelta en la niebla del egoísmo y la comodidad.

Quizá por ello esta Semana Santa se esté escapando por derroteros a los que nunca creímos que pudiera ni tan siquiera llegar a asomarse, fagocitada por un sistema al que molesta no poder controlar todos sus aspectos. De acto de culto a espectáculo; de entrega generosa y desprendida a fuente de beneficios empresariales cuando no de relumbrón social, que a la larga viene a ser lo mismo; de expresión de la libertad autoregulada de un pueblo asociado en torno a instituciones sentidas como propias a instituciones alejadas de una base social que participa escasa y minoritariamente de su gobierno y gestión.

Y, sin embargo, pasando por encima de todo ello y a pesar de todo, el milagro se volverá a producir, y Dios estará en las calles, humilde, paciente, como oveja entregada al matadero y a su vez poderoso y potente, fuerte y seguro de esta tierra de promisión que viene pisando hace tantos siglos.

Ése es el gran Misterio de esta tarde, de esta noche y madrugada, sin solución de continuidad; que, a pesar de todas nuestras carencias y miserias, ese ente al que llamamos Sevilla será capaz de explicar sencillamente, que el Dios de los sagrarios escondidos en los monumentos de parroquias y conventos, es el mismo Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el mismo Dios de tus padres y abuelos que hoy, entre esta tarde y la madrugada, envuelto en el Misterio, nos imaginaremos como hace dos mil años, hollando las calles de nuestra ciudad.

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