editorial

La muerte cruza otra vez el Estrecho

NI las sofisticadas medidas de vigilancia electrónica ni los importantes medios y esfuerzos que pone Salvamento Marítimo han podido evitar que la muerte vuelva a cruzar el Estrecho de Gibraltar segando vidas de personas que ahogan sus esperanzas en el mar, que sólo las devuelve como cadáveres. En los últimos meses, las mafias que controlan en el norte de África la inmigración ilegal han recuperado la ruta tradicional de cruzar los escasos 14 kilómetros que les separa de las costas gaditanas de Tarifa. Para ello usan un modus operandi que pone de manifiesto que el riesgo es aún mayor que en los decenios anteriores cuando las pateras de madera llegaban en oleadas. Ahora, usan barcas hinchables, prácticamente de juguete, de las que se usan para el ocio en las playas y vienen exclusivamente cargadas de subsaharianos, sin ningún magrebí. En esas frágiles embarcaciones y en grupos que rara vez superan las diez personas, llevan a estos africanos a una aventura de la que, aunque mayoritariamente son rescatados, no todos sobreviven. Y en unas condiciones en las que la posibilidad de que realmente crucen el Estrecho es baja: prefieren arriesgarse a intentar ser rescatados que seguir padeciendo la miseria en la que esperan en Marruecos el momento de llegar a Europa. Durante el mes de octubre, en las costas de Cádiz desembarcaron 354 personas en más de una treintena de embarcaciones hinchables. En los once días de noviembre transcurridos hasta ayer hay que sumar 89 inmigrantes más, entre ellos siete bebés, sin contar dos muertos hallados en Tarifa y Conil, que aunque no puede confirmase, podrían ser dos de los tres desaparecidos que hubo la pasada semana. Cruzaron en pleno temporal, algo habitual en la descarnada actuación de las mafias. El Gobierno de España y ONG como Cruz Roja ponen todos los medios a su alcance para rescatarlos y atenderlos, pero siempre hay quien queda en la travesía. Una tragedia que no por repetida puede dejarnos impasibles.

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