La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El muerto al hoyo y el vivo... a la sombra

Por fin alguien se acuerda de hacernos la vida más agradable frente al calor, aunque sólo sea la concejal del cementerio

Cada vez que se reparten las competencias entre los concejales del gobierno al comienzo del mandato, es frecuente cierta incomodidad a la hora de la asignación del cementerio. Ocurre como en el reparto del desmontaje de la caseta de Feria. ¿A quién le toca levantar el inodoro? O cuando queda el último polvorón de la caja y es de coco. Y cuando el capataz tiene que parar el paso de la Canina y nadie quiere que le toque delante, salvo los niños.

Con Zoido de alcalde se olvidaron del camposanto y hubo que enmendar el olvido. El sábado, por ejemplo, me enteré de quién es la delegada responsable de nuestro precioso cementerio: la edil Sonia Gaya. Hasta ahora sólo había oído de ella que era una suerte de Caballo de Troya del susanismo en el Palacio de Mi Juan (Espadas), que será la alcaldesa interina cuando el hoy alcalde se vaya a emprender la aventura autonómica, y no sé cuántas historias más. Pues doña Sonia, de la que reconozco que ignoro hasta el tono de voz, anunció el otro día algo muy importante: la inversión de casi 60.000 euros en el cementerio para ganar sombra. ¡Eso sí que es noticia! El muerto que siga en el hoyo y el vivo... a la sombra en la ciudad donde tantos miles de sevillanos amanecen el lunes al sol, y tantos meses sufrimos las altas temperaturas por culpa de ese urbanismo duro que inventó el PSOE, continuó el PA y no hizo nada por suavizarlo el PP.

Salvo los Jardines del Prado, Sevilla es una ciudad que no cuida la vegetación, la sombra, el albero, ni las fuentes. Al menos que en San Fernando (nos referimos al cementerio, no a la sede del PP) haya más sombra que la de los cipreses que conducen al Cristo de las Mieles. Muy bien por doña Sonia. Los bancos de granito que pretende instalar son ya otra cosa bien distinta, pero casi nos conformamos con más terreno umbrío cuando se trata de despedir a nuestros muertos o simplemente de rezarles y honrar su memoria. La nueva carpa estará ubicada en la rotonda de la Caridad, que es la que hay que tener con los sufridos sevillanos que tenemos que caminar tantas veces castigados por el calor, sin apenas alivio, por los grandes ejes peatonales del corazón de la ciudad.

Cuando, por ejemplo, vaya a pie desde la Plaza de Cuba hasta la Campana cualquier día de los casi seis meses de calor que padecemos en Sevilla, me aliviaré pensando en lo fresquito que se tiene que estar en el cementerio gracias a una concejal rara avis que se acordó de la sombra. Hay que sugerirle al ecologista Enrique Figueroa que mida la temperatura de esa rotonda en cuanto doña Sonia inaugure la carpa. Qué solos se quedan los muertos, pero algunos más que nunca a la sombra, a la sombra de la buena.

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