La ciudad y los días

carlos / colón

Los nadales de cada día

EL pasado viernes Nadal nos dejó asombrados y exhaustos al derrotar a Djokovic tras un duelo de cuatro horas y media. Ayer fue el primer tenista de la historia que gana ocho veces el mismo grande. Pero esto no es lo mejor que Nadal nos aporta. Lo mejor es que no representa al deportista millonario, hortera, prepotente y algo gamberro (cuando no también dopado) que se ha convertido en parte del engranaje de un negocio fabuloso en el que lo deportivo y lo emocional ha sido triturado por las expectativas de negocio, la ambición y la voracidad de las televisiones. Nadal es millonario porque su virtuosismo y sacrificio le han procurado unos legítimos beneficios. Pero no es un hortera prepotente y gamberro. Todo lo contrario: es un ejemplo de esfuerzo y superación en su vida profesional y de discreción en su vida personal. Por ello no es alguien aparte a quien se envidie, sino el primero entre iguales a quien se admira.

España, afortunadamente, está llena de nadales que admiran a Nadal como a uno de los suyos; el mejor de entre ellos, sin lugar a dudas, pero uno de ellos. Son los nadales que no se rinden frente a las lesiones del paro, de los empleos basura, de la falta de reconocimiento al esfuerzo, del descaro de los sinvergüenzas que cogen el atajo de las tantas corrupciones -institucionales o privadas, políticas, empresariales o financieras- que nos afligen. Son los nadales que se levantan cuando aún no ha amanecido para conducir furgonetas de reparto, abrir tiendas, crear negocios o mantener el familiar, dar clases, ponerse tras un mostrador o ante un ordenador, estudiar carreras vocacionales con oscuras y sacrificadas perspectivas o perseverar en un trabajo no amado y de limitado horizonte con el que se cumple honradamente.

Estos son los nadales de cada día que se sienten de alguna forma representados por Nadal y le admiran sin envidia. Cuando este deportista es entrevistado habla de sí mismo, de sus desafíos, de sus éxitos y de sus fracasos -que también los ha tenido- con un lenguaje que entienden todos los jóvenes que se enfrentan a desafíos y unas veces los vencen u otras son vencidos por ellos, pero nunca se rinden. Por eso Nadal es un ejemplo para tantos que le admiran. Y la ejemplaridad es algo siempre necesario y hoy urgente. Como ha escrito Aurelio Arteta, "la admiración te lleva a celebrar la excelencia del otro y, de ese modo, te impulsa a ser mejor".

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