La ventana

Luis Carlos Peris

Qué noche la de aquel día

TRES horas, aquello duró tres horas y los asientos de la plaza del Puerto nada tienen que ver con el confort, pero esas tres horas pasaron en un suspiro. Y es que el arte es un plato de fácil digestión y lo que el sábado pasó en la Real Plaza fue arte elevado a la enésima potencia. Desde aquí me permito enviarle mi más sentido pésame a los que no pudieron ver una tan magna obra de arte que nos llevaba a tiempos pretéritos para que Ordóñez, Romero o Paula pasaran por nuestras retinas con la banda sonora de esas palmas por bulerías que tan bien suenan por ese edén. La barroca naturalidad de Morante con su desmedida capacidad para sorprender se ensambló con el temple y el empaque de Manzanares para la tarde más grande jamás soñada en una plaza abarrotada sin necesidad de apelar al tirón trágico del morbo. Tres horas duró el recital y al final, todos toreando por el El Puerto. Qué noche la de aquel día.

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