La ventana

Luis Carlos Peris

De una noche de lluvia en el Alcázar

RECIBÍA un amigo entrañable el homenaje que mejor sienta cuando ves que tu barca se acerca de forma inexorable a la otra orilla. Es el reconocimiento de tus compañeros de profesión, aparejadores en el caso que nos ocupa, y había mucha Sevilla en el Cuarto del Almirante. Más que mucha Sevilla, muchas Sevilla, bien abierto el abanico social de esta ciudad que sufre el papel de pelota de tenis con la que juegan las dos fuerzas políticas que manejan la cosa. Yallí en el Alcázar tuvimos la oportunidad de ver cómo una lluvia copiosa iba iluminando una floresta increíblemente brillante. Cómo verdeaba el palacio de Don Pedro bajo un diluvio de alerta amarilla, qué espectáculo la lluvia entre la arboleda del Patio del Crucero... Esa visión debe ser la que originó el concepto de que la lluvia en Sevilla es una maravilla, pues ya fuera volvimos a la cruda realidad de una sinfonía de charcos sin solución de continuidad.

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