La ciudad y los días

Carlos Colón

Un nombre azul en la Casa de los Artistas

ÁNGEL Pericet Blanco, el gran bailarín y coreógrafo que ha muerto en Madrid y ha querido ser enterrado en Buenos Aires, había nacido en Sevilla un 28 de febrero de 1926. Recogió la herencia de su padre, Ángel Pericet Giménez, quien a su vez la recibió del suyo, Ángel Pericet Carmona, iniciador de la saga familiar que tantos años impartió clases y dio espectáculos domésticos de danza en su academia y domicilio de la Casa de los Artistas. ¿Por qué este sevillano -tan importante en la historia de la danza española- residió en Madrid y ha querido ser enterrado en la Argentina? Lo primero porque la familia se trasladó a Madrid tras la Guerra Civil. Lo segundo, además de porque sus padres descansan allí, porque Argentina guarda memoria agradecida de sus éxitos y sus aportaciones. En España también conoció el éxito, pero se olvidó. En cuanto a Sevilla… En una reciente entrevista Ángel Pericet recordaba con dolor que en Madrid no existe una placa que recuerde dónde estuvo la academia de su abuelo, un local cargado de historia que antes fue de los Cansino, la familia sevillana de Rita Hayworth. No es de extrañar que los olvide su ciudad adoptiva, concluía el maestro, "si hasta en Sevilla han quitado la placa de la academia de la calle Viriato 3, regentada por mi tío, que estuvo desde 1905 hasta el 2006". Todos hemos conocido ese anuncio pintado de azul sobre la fachada de la Casa de los Artistas, a la derecha del balcón principal, que decía: "Pericet. Profesor de bailes".

¿Cuál fue su culpa? ¿Por qué hasta se borró el casi centenario anuncio de la Casa de los Artistas en la que su tío Juan y su prima Conchita Pericet mantuvieron vida la tradición familiar hasta 1976? Tengo para mí que su culpa fue ser el decano de la más antigua e importante dinastía de la danza española y la escuela bolera; representar el espíritu ilustrado, elegante y refinado de una Sevilla en la que se oían los ecos del Madrid de Carlos III, de Scarlatti y Boccherini, de sus fandangos y de La rittirata nocturna di Madrid, de los cortesanos quintetos de cuerda con populares guitarras y castañuelas, del majismo goyesco y de los salones isabelinos. Esa Sevilla de la que quedan huellas en las manoletinas de los nazarenos de la Macarena y las cofradías de Montserrat y la Carretería.

¿Les parece poca culpa mantener en vida este espíritu ilustrado que estilizaba lo popular, este refinamiento cortesano de los bailes del pueblo, esta traer el Madrid de Carlos III y Goya a la calle Feria? Así les ha ido. Ni una placa, ni una calle; y el hermoso anuncio de la Casa de los Artistas, borrado. Sevilla…

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