La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La nueva Susana de Andalucía

Ella sigue tan lista como siempre: no suelta el poder orgánico. Que corran algunos 'canijos' si ella recupera el poder

Es enternecedor oír a ciertas personas hablar sobre sí mismas. En Sevilla había un mandamás cofradiero que repetía muy serio un mensaje: "Soy buena gente". Debía ser el consejo de un psiquiatra, de un amigo psicólogo o de un aficionado a la terapia, eso que hoy se llama coaching. Como la gente se quedaba callada, el susodicho volvía erre que erre con la misma afirmación, pero tratando de forzar una respuesta de apoyo: "Soy buena gente, ¿eh? Porque lo soy, ¿sabes?". Yo me acuerdo de aquel cofrade cada vez que veo a Susana Díaz asegurar que ella ya no es la misma, que ha aprendido de los golpes sufridos y que ha contribuido a renovar el PSOE andaluz, menos ella , claro.

"Yo no soy la misma Susana de hace unos años porque cuando te dan muchos golpes...", dijo ayer en Antena 3 insistiendo en el mensaje que ya proclamó en Diario de Sevilla. Dice que ahora es más paciente, más templada y que ve las cosas de otra manera. ¡Al suelo que hay metralla de ojana! Ella, la nueva Susana, combina "la pasión con la escucha activa". ¡Toma del frasco, Carrasco! Qué ejemplo de ternura, que rima con donosura, qué fuerza de la naturaleza, qué capacidad de adaptación al medio sin perder las esencias, ella quiere seguir siendo la fiera mayor en la selva roja del PSOE andaluz, ella prefiere ignorar la realidad, no le interesa comprobar cómo y cuántos están cercando el único fortín que le queda: el castillo del Tito Fernando en la Diputación de Sevilla.

La nueva Susana se ha montado su particular aldea de los galos, que resisten al invasor sanchista, pero sin pócima mágica y con cuatro bardos desocupados que aún le cantan sus glorias pasadas para mantenerse ellos en el machito. La nueva Susana tal vez eche de menos a cuántos dejó de oír en el pasado, se lamente del pecado de la soberbia que ya se aprecia en algunos habitantes del actual San Telmo. El poder iguala a todos. La nueva Susana que la compren quienes crean en los cuentos de hadas. ¡Bendita inocencia! La gente no cambia. Puede disimular un tiempo, pero nada más. Acaso acentúa sus principales caracteres. ¿Que Susana ha sufrido golpes? Sin duda. Los golpes han sido apuntados convenientemente, pero para ajustar las cuentas si llegara el caso. Son ya muchos años, demasiados.

Muchos canijos deben salir corriendo si la nueva Susana alcanzara otra vez el poder andaluz. La nueva Susana no existe. Se demuestra en que sigue siendo tan lista como antes: no suelta el poder orgánico, que es el importante, ni dejando el grifo del agua caliente abierto toda la noche. Mi Susana puede mudar de piel, que no de interior. Es como la ola de Rocío Jurado, de fuerza (soberbia) desmedida.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »