desde mi córner

Luis Carlos Peris

El nuevo Betis y su vuelta a casa

Como la economía es la que es y los fichajes son del perfil que son, este curso jugará la ilusión un rol estelar

AUNQUE los fichajes no tienen semejanza alguna con aquellos de otro tiempo en que para jugar de libero venía Vidakovic, para las bandas Finidi y Jarni y para que revolucionase de ilusión al personal arribase Alfonso, aunque las cosas son como son, en este verano existe un estado de ilusión en el beticismo que no se puede comparar con ningún antecedente. A pesar de que la economía es la que es, casi peor que la de guerra, el bético se agolpa ante los ventanucos del Villamarín porque sabe que el destino de su club ya no está en las manos de sátrapa alguno, sino en las de cada uno de todos los que tuercen por dicha causa.

Arrancó ayer el nuevo Betis, el Betis de la regeneración, indispensable regeneración de un club que tiene en la singularidad una de sus más acentuadas señas de identidad. Arranca un proyecto de perfil bajo, pero sólo en apariencia, que el mero hecho de estar en las fiables manos que lo manejan ya es motivo más que suficiente como para que dicho perfil suba de nivel y llegue a una más que aceptable cota de efectividad. Efectividad basada en la honestidad, en decirle blanco a lo blanco sin engañar a nadie, especialmente a esa legión de béticos que fueron estafadas hasta el punto de creer que su club era una empresa sin números rojos que la abochornasen.

Y en el retorno del Betis a su casa natural, la ilusión es el viento que ha de soplarle de popa para que nunca más se produzca ese batacazo que, como José Antonio Bosch recordaba con su habitual crudeza, suele aparecer cada diez años. Comoquiera que comprobado está que subir a Primera es mucho más complicado que permanecer en Primera, ojalá ese plantel de futbolistas sea lo suficientemente diestro como para que los deseos se cumplan. Con el crédito atesorado por Pepe Mel, conviene que el toro astifino de la Primera División no se le venga encima sin tener en las manos el capote con el que sortearlo. La ilusión mueve montañas, pero no siempre es suficiente.

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