El nuevo plan Marshall tendrá que esperar

La UE no puede intervenir ni dejar caer a Italia y España. Conjuntamente tienen 17 veces el PIB griego

El español Javier Elorza, uno de los más brillantes diplomáticos que han pisado las instituciones europeas, tenía una frase familiar para explicar el mecanismo de consenso en la Unión Europea: “Esto es un club de intereses, no una congregación de Hermanitas de la Caridad”. Según eso, tanto en la actual situación como en todas las coyunturas anteriores el término solidaridad no estaría bien empleado. La decisión del ECOFIN de liberar 540.000 millones con tres programas para ayudar a estados, empresas y trabajadores o autónomos, se hace en el mutuo interés. Y por el mismo motivo el Banco Central Europeo compra deuda soberana de los socios comunitarios prácticamente sin límite.  

De momento, no se mutualiza deuda extraordinaria alguna, porque no le conviene a los gobernantes de Alemania u Holanda que tienen elecciones el año que viene. Y el reclamado segundo plan Marshall de reconstrucción de la economía europea tendrá que esperar a que se conozcan los daños y se evalúe en provecho conjunto de las medidas que se tomen. Veremos, la UE no puede dejar caer ni intervenir a Italia y España, la tercera y la cuarta economías del euro. Conjuntamente, suponen 17 veces el PIB griego y son un gran negocio para las exportaciones de alemanes, holandeses y demás frugales fundamentalistas presupuestarios. Así que se encontrará una fórmula para mantener vivos estos mercados con tan buenos consumidores de productos de norte. Josep Borrell ha dicho en una entrevista en ‘El Mundo’ que no vendrá ningún mister Marshall, que ahora el señor Marshall somos nosotros. Pues eso.    

Todo lo que se ha hecho desde la propuesta de Schuman de 1950 está dentro de esa idea del interés mutuo.  Dicho en otras palabras, el término solidaridad, como adhesión circunstancial a la causa de otros nunca ha sido altruista, o no lo ha sido del todo. Schuman propuso la creación de la CECA para acabar con siglos de guerras en el continente. La PAC se estableció en la Conferencia de Stresa de 1958 porque la CEE consideraba estratégico el sector agrario, para recuperar las tierras de cultivo que habían sido campos de batalla, asegurarse el autoabastecimiento y evitar un éxodo masivo de las zonas rurales a las grandes ciudades. Igual va a tener que hacer ahora, para beneficio de la potente agricultura andaluza.

Los fondos estructurales para las regiones más atrasadas han sido una compensación por un mercado único sin aranceles, que siempre ha beneficiado a los países industriales. La duplicación de los fondos que Felipe González le arrancó a Kohl en la cumbre de Edimburgo de 1991 fue posible porque al canciller le interesaba para los länder del este de la reunificada República Federal. El euro, tan útil para todos, consolidaba la hegemonía monetaria y financiera alemana. La ampliación a países más atrasados como Grecia, Portugal, España y todos los del este se hizo para conseguir un mercado lo más extenso posible, en beneficio de los grandes exportadores. Las Hermanas de la Caridad no estuvieron allí. Ahora tampoco; así que no hablemos de solidaridad, sino de pragmatismo y mutuo interés. Así llegará, si llega, el nuevo plan Marshall.

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