¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Un nuevo símbolo para el Arqueológico

Conmueve el afán de supervivencia de este mosaico, como si de un organismo vivo se tratase

La remodelación del Museo Arqueológico, y la consiguiente mudanza provisional de sus fondos a unas naves en La Rinconada, ha hecho que afloren piezas de valor perdidas desde hace décadas que se encontraban arrumbadas en el desván de este edificio de Aníbal González. Decimos desván y no almacenes porque a lo segundo se le supone una cierta organización y metodología, algo que evidentemente escaseaba en dicha colección, una de las más importantes de España en asuntos romanos y tartésicos. También porque la palabra desván nos parece más propicia para la aparición de tesoros inesperados, bien sea una vieja colección de revistas de la Restauración, un uniforme de alguna guerra colonial de un tatarabuelo o un cuadro que, de repente, se revela como obra de algún autor de Alta Época. Un desván, incluso en la versión moderna y hacinada del trastero, promete siempre un hallazgo.

Entre las piezas reencontradas destaca un mosaico de Itálica que representa El rapto de Europa, uno de esos mitos griegos llenos de sexo y violencia, como el cine palomitero de hoy, en el que se rastrea un eco histórico del habitual secuestro de mujeres por soldados y marineros en la Antigüedad. Conmueve el afán de supervivencia de la pieza, como si fuese un organismo vivo atado a las leyes de Darwin. Su historia así lo corrobora: tras adornar alguna estancia de Itálica famosa, se lo tragó la tierra al caer Roma para luego volver a aflorar en unas excavaciones en 1886 y recalar, en los años cuarenta, en el museo sevillano, donde de nuevo fue pasto del olvido y la negligencia de las autoridades culturales, hasta que hace apenas unos días fue redescubierto por los técnicos que preparan la mudanza del Arqueológico. Sólo por este casi humano empeño en permanecer, además de por su belleza, merece el indulto de una buena vitrina en el museo cuando reabra, dicen que por 2025 (toquemos madera).

Tampoco estaría de más que el mosaico se mostrase en las salas que se van a habilitar en el convento de Santa Inés para acoger una selección de piezas mientras el grueso de la colección se mantiene en su obligado exilio de La Rinconada. Allí, junto a las esculturas de Venus y Mercurio, los lacrimarios de las plañideras y la cacharrería de los legionarios, El Rapto de Europa puede convertirse en el símbolo del compromiso común de cuidar más y mejor un patrimonio que no es nuestro, sino de nuestros herederos. Aunque ahora anden en sus cosas y quieran saber poco de latines y piedras, algún día lo agradecerán.

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