desde mi córner

Luis Carlos Peris

El ojo de halcón, una desmesura

Para un gol fantasma tan de tarde en tarde, instalar esa especie de 'foto finish' sería un derroche monumental

AUNQUE se me pueda tildar de inmovilista, el ojo de halcón aplicado al fútbol lo considero improcedente. No es admisible el coste económico con su incidencia en el día a día del juego porque, ¿cuántos goles fantasma ha visto usted en su vida? Parece que la instalación de esa especie de foto finish se va a un coste que oscilará entre los 150.000 y los 200.000 euros por campo, con lo que su conveniencia queda un poco en entredicho. Aquí, en Sevilla, donde se juegan unos cincuenta partidos al año, sólo vi un par de goles fantasmas, uno de Breitner a Paco y otro de Luis Fabiano a Casillas, por lo que tampoco va de larga la cosa.

Claro que ha habido algunos más, como aquel de Hurst en la final del Mundial del 66 que no entró pero sí subió al marcador, el de Míchel a Brasil en México 86 que sí entró pero que no fue validado, el de Lampard a Alemania en el que ocurrió lo mismo y este último de Ucrania a Inglaterra que John Terry sacó tras haber superado la raya bajo la impunidad de un incompetente juez de gol. Todos estos casos no los creo suficientes como para crear esa infraestructura en todos los campos y pensar que sólo se instalaría en ciertos acontecimientos es un agravio comparativo para el resto, parecido al que provoca en tenis la ausencia de ojo de halcón en los campos aledaños.

Creo que el fútbol debe tocarse lo menos posible y así como la mejor innovación fue la prohibición al portero de coger con las manos las cesiones de sus defensas, lo del ojo de halcón es una medida que roza la desmesura. Desmesura en su costo, ¿pues a cuánto saldría una decisión acertada? El fútbol es una hermosura que está bien como está y que, además, tiene el añadido de esos pospartidos que ganan una barbaridad el día que se da un gol que no fue o que no se valida uno que sí fue. Es más, para lo que han dado de sí en esta última Eurocopa, pienso que hay que abolir la figura del juez de gol y casi la del cuarto árbitro, que la crisis es la crisis.

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