La ventana

Luis Carlos Peris

Los okupas con sillita, un espanto

RODEADO, como a punto de ser cautivo y desarmado es como uno se siente cuando en estas tardes te encuentras copado y con todas las salidas taponadas. Entre que el personal ya no se maneja en la bulla con la soltura de antaño y en que cada vez son más los que plantan la sillita en una parcela que hacen suyas, circular por esta Jerusalén efímera se antoja asaz complicado. No sé si habrá que establecer la norma de tráfico que convierte las calles en vías de sentido único a fin de que la gente no vaya a contramano y forme la que forma, pero sí que habrá de ponerse pies en pared para que no haya okupas que se apropien de la calle. Sé que resultaría complicado ordenar esta regla, ya que abundaría la picaresca y se multiplicarían los tullidos con la excusa siempre a punto, pero lo cierto es que andar Sevilla en Semana Santa no es lo que era, ni muchísimo menos.

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