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rafael / sánchez Saus

Contra el olvido

RESULTA que cuando Celia Villalobos aseguró en uno de esos selectos programas televisivos que frecuentaba que en el PP no cabe nadie que esté en contra del aborto, no se trataba de una bravuconada de las muchas que se le conocen, sino de una rigurosa interpretación del pensamiento del líder máximo y de su quizá único hombre de verdadera confianza, Pedro Arriola, esposo de la interfecta. La prueba la han tenido en estos días los nueve parlamentarios populares que se atrevieron a disentir de la consigna rajoyesca que ha hecho del PP un partido meramente abortista. Ninguno de ellos ha obtenido el plácet presidencial para mantenerse en las listas, mientras que todos los que se plegaron a la infamia, tras hacer públicos unos reparos que no fueron capaces de sustentar a la hora de la verdad, han visto premiado su rodillazo. Primer paso para, si hay suerte y la derecha española sigue haciendo el primo, ocupar otros cuatro años el sillón que garantiza los privilegios a costa de nuevas traiciones y ofensas al electorado que les vota.

400.000 vidas se han frustrado y convertido en un amasijo sanguinolento en los cuatro años de gobierno de Mariano Rajoy sin que el presidente haya hecho el menor gesto ni tomado medida alguna que detuviera la sangría. No digo ya una reforma concluyente de la ley del aborto impuesta por el Gobierno de Zapatero, que fue lo que exactamente prometió y llevó al programa electoral, tan siquiera la ayuda necesaria para que las madres que no desean abortar puedan tomar la decisión de su maternidad con verdadera libertad. Cuando, lo que ya nadie puede negar, una crisis demográfica de efectos pavorosos se cierne sobre el país, la ley Aído, la ceguera de toda la izquierda y la desvergüenza pepera consiguen en España lo que ni el Partido Comunista en China: que la sociedad acepte sin mover un dedo la catástrofe moral y social que supone el exterminio masivo de hijos sanos en los vientres de sus propias madres.

Este domingo, en toda España, decenas de marchas organizadas por el movimiento pro vida nos recordarán que las innumerables víctimas del aborto no son cifras en una estadística, sino seres humanos como usted y como yo a los que sus propias madres, con la complicidad activa de una industria criminal, han privado del derecho que les asistía a vivir. Merece la pena, sigue mereciendo la pena, luchar por ellos.

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