En tránsito

eduardo / jordá

C omprensión lectora

LOS nuevos resultados del informe PISA vuelven a demostrar que los alumnos españoles van muy mal en matemáticas y en comprensión lectora, mientras que los alumnos andaluces van todavía peor que la media española. ¿Es algo de lo que deberíamos sorprendernos? Por supuesto que no. Desde hace mucho tiempo se viene hablando de estos problemas, aunque hay una especie de parálisis en la comunidad educativa que nos impide reaccionar en el sentido correcto. Sin un buen nivel de conocimientos en matemáticas o en comprensión lectora la educación española es un viaje a ninguna parte, pero no parece que esto nos preocupe mucho. Los sindicalistas de la marea verde reclaman más medios económicos, olvidando que la educación española recibe más inversiones públicas que otros países que tienen muchos mejores resultados que nosotros. O sea, que no es sólo un problema de inversiones.

¿Y entonces, qué nos pasa? Se me ocurren algunas causas. Una: la nota de Selectividad exigida para cursar la licenciatura de Magisterio es una de las más bajas de todas, con lo que todo parece indicar que quienes cursan esa carrera no son los mejores alumnos posibles. Dos: en las clases de Lengua y Literatura se da mucha importancia a la filología y al análisis gramatical, pero muy poca a la lectura por el simple placer de leer, de modo que nadie se preocupa de que los niños aprendan a disfrutar leyendo y escribiendo. Tres: los padres no leen cuentos a sus hijos. Cuatro: los padres regalan consolas de videojuegos en vez de regalar libros. Y cinco: los padres no tienen libros en sus casas, con lo cual es muy difícil que inculquen el amor a la lectura en sus hijos. Y hay muchas más, por supuesto.

Este tema de la mala comprensión lectora puede parecer secundario, pero es un tema crucial que afecta a los cimientos de nuestra sociedad, porque no hay civilización posible sin escritura y sin lectura. En las primeras tablillas cuneiformes y en los primeros papiros egipcios se anotaban las cosechas, los tributos cobrados y los listados de animales que debían ser entregados al rey o a los sacerdotes. La escritura, por tanto, era uno de los mejores instrumentos del poder para controlar y exprimir a sus súbditos. ¿Hará falta añadir que una sociedad incapaz de entender bien un texto es una sociedad indefensa ante el poder y que vivirá siempre a merced de las peores arbitrariedades del poder? Pues claro que sí, aunque eso es algo tan evidente que ni siquiera debería hacer falta decirlo.

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