La tribuna

josé Manuel Ramírez Mora

Una oportunidad para la política

TAL vez después de esta crisis, la mayoría deje de apoyar los trapos sucios de su elección. La actualidad nos ofrece la oportunidad de constatar que los partidos políticos prestan una escasísima utilidad a la mayoría que los sostiene.

Su tolerancia a la corrupción reiterada en décadas exige que el próximo Gobierno sea elegido por menos de la mitad del censo electoral, porque somos mayoría los que vemos obviados nuestros intereses. La mayoría que paga la factura de la corrupción.

Somos más los que financiamos nuestra vida con precios alterados en la factura de la luz, por el oligopolio consolidado en aquella magistral liberalización del sector energético, y la posterior defensa numantina de los campeones nacionales, con los que tenemos una deuda de campeonato comprada por la banca. Somos la mayoría los que viviremos en el próximo oligopolio inmobiliario-bancario, que hará de la propiedad un bien escaso, sin que tengamos nada que hipotecar para apostar en nosotros.

Somos más los que no tendremos justicia para reparar daños en nuestro patrimonio o en nuestra vida, y nos será más caro lograr educación y salud de calidad para los hijos, que cada vez son menos. Somos más los que pagamos más impuestos, y cada vez más los que pierden el hogar o la vida antes que eso, pero el poder político no juega ni una sola en favor de la mayoría, porque nos sabían seguros, y espero que hasta ahora.

Lejos de pretender la ingenuidad de combatir a los poderes fácticos desde el Estado-Nación del siglo XIX, se reclama una nueva institucionalidad de partidos sometidos a la libre elección de sus candidatos entre cualesquiera de ellos, pasando la decisión de los aparatos de partido a los electores, terminando con el poder de las cloacas.

Sí, listas abiertas que terminen con la mediocridad de los actuales cuadros de partido abundantes en "profesionales" del situarse y enterarse, pero no saber; porque nadie que sepa y tenga el vicio de pensar subsiste en política, si no es plegándose al camino. El que nos lleva otra vez a terminar con presidentes que no hablan inglés y a las noticias llenas de corrupción.

Sólo un liderazgo formado por el "poder" difuso y dirigible del votante juega en favor de quien sostiene a los elegidos en lugar de ocuparse en tapar vergüenzas o hurgar en ajenas, dejando al dinero jugar la partida sin contención.

Perdemos la posición en la Europa que pierde terreno, y el mayor esfuerzo lo emplean en patearse las espinillas sobreactuando para remarcar sus diferencias, como malos actores imitando estrategia a Coca-Cola. Todo para que olvidemos que nada distingue un viaje a Suiza desde Barajas de otro con salida desde El Prat.

Precisa es una reforma electoral que relacione votos y representación directa, que no consolide privilegiadas mayorías de partidos regionales en el gobierno del país; campañas electorales sin mailings millonarios de papeletas que se descargan en internet, con un número máximo de mítines y mínimo de debates. Limitar la propaganda cuyo precio corrompe y obligar a razonar, en lugar de vendernos quién lava más blanco.

Nos resignaremos, si no lo exigimos, al país menos rentable en formación, porque sola no basta para garantizar que los titulados y postgrados desarrollen sus capacidades, si no va acompañada de acceso a la élite. El dinero en pocas manos las adocena en la incompetencia de sólo ocuparse en ser inaccesible a la competencia.

Pero de nada sirve cambiar a los partidos si no cambiamos los ciudadanos y dejamos de confundir política y sentimientos. Hemos de planteamos a qué nos conduce nuestra atávica contumacia en defender a los partidos que votamos y atacar a los que votan otros; es una necesidad racional entender que ninguna pertenencia sentimental nos puede conducir a tirar piedras sobre nuestro tejado, y que es mejor guiarnos por los sentimientos para elegir equipo de fútbol que para decidir nuestro voto en favor de un partido político.

Los ciudadanos debemos dejar de defender la blancura del partido al que elegimos. Los partidos mayoritarios deben dejar de disfrutar del apoyo permanente de diez millones de votos, pongan a quien pongan de candidato. Tienen que esforzarse en ofrecernos gente preparada, que no haga depender su vida de la política y que quieran prestigiarse, prestigiando al servicio público, so pena de perder nuestro apoyo.

El criterio de millones de ciudadanos se me hace más fiable que esos cenáculos llamados "ejecutivas" para elegir nuestro próximo menú en las listas de candidatos de las próximas elecciones. Ya sabemos cuál es el menú cuando eligen los partidos, menú del día.

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