el periscopio

León / Lasa

Seamos optimistas, a pesar de todo

Pese a que lo intento, la realidad es tozuda a más no poder: el panorama en sí, guste más o menos, se me antoja desolador

ME reprocha una buena amiga -algo mayor y un poco fuera de la realidad cotidiana, todo hay que decirlo- que mis artículos tengan en su inmensa mayoría un notado sesgo pesimista, que casi exclusivamente comente noticias negativas y que el domingo por la mañana, en el club de golf, el café sabría mucho mejor si cambiara de perspectiva y pusiera el foco en aquellas otras informaciones que pudieran dar un retrato un poco más alegre de nuestra región, de nuestro país. No le falta razón. Y conste, como le he dicho más de una vez, que lo intento. Pero la realidad es tozuda a más no poder. La he retado, entre risas, a que me proporcione cada semana un par de titulares chachipirulis. Todavía estoy esperando. Y recapitulo algunas de las noticias de estos días atrás que, por consideración hacia ella, no voy a glosar: "España lidera el abandono escolar dentro de la Unión Europea"; "Según el Servicio de Estudios del BBVA, España tardará diez años en recuperar los niveles de empleo anteriores a la crisis"; "La deuda publica española roza ya el 100% del PIB"; "La recuperación económica se traduce en la creación puestos de trabajo low cost"... Podríamos continuar, pero prefiero que el croissant no se le atragante a mi buena amiga mientras contempla el estado primigenio del green y la voluptuosa mañana primaveral que se abre en esta tierra elegida por los dioses.

El panorama en sí, guste más o menos, se me antoja desolador. Solamente los últimos narcóticos -la litrona a un euro, el cubo de botellines a dos, internet a precios de saldo en todos los adminículos, la zafiedad televisiva...- ayudan a la masa a mostrarse ajena e insensible a esa situación oscura. Para ser optimistas, para poder vivir en un mundo de ensoñación, en ese ombliguismo cateto que nos caracteriza, habríamos de reiterar, sí, en que el aroma de nuestro azahar no tiene parangón; en que la belleza de nuestras mujeres es la envidia del orbe mundial; en que en ningún lado se mecen los pasos de Semana Santa como aquí; en que no hay silencio más espectral que el de la Maestranza en una tarde toros; en que somos capaces de construir ciudades de lona en unas cuantas semanas; en el tan traído crisol de las tres culturas; y en que no hay cerveza más fresquita y güena, que la nuestra. Un juez amigo acaba de volver de Alemania y me comenta que plantea retirarse allí, en una ciudad donde es posible habitar. Es un enajenado. Aquí la Fundación Cruzcampo lanza la campaña denominada Empredebares, que ayuda con hasta 1.500 euros a aquellos que se decidan a poner un bar. Es nuestro I más D, nuestra aportación a la innovación tecnológica y al desarrollo de un tejido de microempresas que coadyuve a hacer de Andalucía la envidia de pictos y sajones.

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