La ventana

Luis Carlos Peris

Una ordenanza que nos mete en el túnel del tiempo

OBSERVÁNDOSE con cierta atención la recién parida ordenanza antivandálica vemos estupefactos que se sancionan cosas que deben estar pasando, pero que parece mentira que pasen. Vamos a ver, una cosa es un apretón de vejiga en horas nocturnas y otra sacudir la alfombra en el balcón. Lo primero tiene muchísimas atenuantes, pues ya me dirán qué hace el que siente que puede mearse encima con todos los mingitorios cerrados o fuera de cobertura, pues aliviarse con la mayor discreción posible. 20.000 pesetas vale una meada antirreglamentaria, lo mismo que la guarrada de sacudir la alfombra desde el balcón, práctica que recuerda aquello del ¡agua va! que precedía a la salvajada de verter por ese mismo sitio, ventana o balcón, el cubo lleno de aguas menores y... mayores. Y es que lo cierto es que esta ordenanza antivandálica nos retrotrae a situaciones y épocas que creíamos superadas.

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