Julián Sobrino

Un pacto por el patrimonio cultural

El autor destaca la necesidad de un acuerdo para que las intervenciones en el patrimonio no dependan del gusto personal de un político determinado, sino que respondan a criterios técnicos

Insostenible, perjudicial, desesperante. La iglesia de Santa Catalina, la precariedad de los archivos históricos, la Real Fábrica de Artillería, el recinto de las murallas, los conventos en ruina, Metropol Parasol, la fábrica de Vidrio la Trinidad, el frente fluvial de Triana, la Torre Pelli, el comercio histórico, los cines, la casa-palacio del Pumarejo, el Museo de Bellas Artes, el Museo Arqueológico, las Atarazanas, el espacio público en los entornos históricos, la arquitectura del Regionalismo, los espacios arqueológicos… La situación del patrimonio cultural de Sevilla requiere de un pacto por el patrimonio, un acuerdo consensuado entre las distintas instancias e intereses enfrentados en esta ciudad. No puede ser que con cada nuevo gobierno municipal se abra el melón patrimonial a la cata del paladar estético del político de turno. Esta ciudad necesita un diagnóstico actualizado de su herencia histórica que permita vislumbrar un horizonte de consolidación de sus paisajes históricos urbanos, en los que se incluyen sus edificios singulares, sus entornos de protección, los bienes muebles asociados, las expresiones simbólicas que los caracterizan y los modos de apropiación patrimonial de esos espacios por parte de la ciudadanía.

Es necesario recuperar la narración histórica integral de la Historia de Sevilla, proceso que, en la actualidad, cuenta con importantes carencias discursivas que inciden en una lectura patrimonial incompleta de esta ciudad, depositaria de tan importantes bienes culturales, ya que no contamos todavía con una historia urbana fuerte que permita estructurar un relato cohesionado, de recorrido diacrónico y de carácter sistémico, carencias estas, especialmente llamativas para el periodo contemporáneo, que permita integrar sintéticamente los actuales estudios, parciales en lo cronológico o demasiado específicos en lo temático. Situación que se plasma, de una manera evidente, en la precariedad y provisionalidad de las políticas culturales, así como en los programas concretos acerca de la tutela, la conservación y la gestión de los bienes culturales. A ello habría que añadir la tendencia banalizadora de la cultura en el tiempo presente, cuando cada vez es más evidente la paradoja del exceso de memoria sin memoria debido a que no sólo es necesario disponer de un conjunto histórico relevante, como es el de Sevilla, sino que también es imprescindible disponer de un pensamiento crítico sobre la ciudad, el sentido histórico, de un pensamiento cultural sobre la ciudad, el sentido patrimonial, de un pensamiento espacial extensivo, el sentido territorial y de un pensamiento utópico de la ciudad, el sentido estratégico.

La ciudad de Sevilla tiene que resolver hoy los importantes retos, del conocimiento, de la gestión, de la participación y de la activación, de su patrimonio cultural para los próximos 15 años y que, en ese orden, paso a enumerar algunos de ellos para visualizar tanto las tareas pendientes como el potencial cultural de esta ciudad. Retos del conocimiento: la ciudad antigua, la Sevilla de las Tres Culturas, la ciudad Ilustrada de Olavide, la Sevilla industrial del XIX y primera mitad del XX, la ciudad del Regionalismo Arquitectónico y la Sevilla moderna racionalista. Retos de la gestión: el reequilibrio territorial entre el conjunto histórico, los nuevos barrios y el área metropolitana, la coordinación integrada de los recursos, la oferta y la demanda, la gestión cohesionada de las diversas zonas patrimoniales y la articulación de los intereses públicos y privados. Retos de la participación: la generación de una gobernanza definida por el diálogo, el consenso y la mediación, el compromiso con los agentes y colectivos generadores de cultura, las acciones de difusión y formación y la consulta a la ciudadanía y a los profesionales de las ciencias patrimoniales. Retos de activación: Diseñar itinerarios culturales basados en la yuxtaposición y la singularidad, recuperar el río Guadalquivir como eje articulador de la historia de la ciudad, planificar una red museográfica representativa, crear una taquilla virtual unificada para los espectáculos de la ciudad, coordinar la agenda con los contenidos narrativos y los recursos culturales en una página web, potenciar el rol de las artesanías y sus espacios productivos, recuperar el patrimonio industrial de la ciudad de Sevilla, activar los bienes culturales ligados a la ciudad como puerta de América, ampliar el espacio Patrimonio Mundial a una membrana patrimonial más significativa constituida por las Atarazanas, el Hospital de la Caridad, la Casa de la Moneda, las torres de la Plata y del Oro, el Palacio de San Telmo y la Real Fábrica de Tabacos y, por último, reconocer la dimensión cultural de la ciudad de la Generación del 27.

En fin, conseguir una ciudad que tenga en su patrimonio cultural una oportunidad para el conocimiento, para el desarrollo, para la conciencia crítica de lo que fuimos y podemos ser, en lugar de convertir al patrimonio en un territorio para la confrontación y las ocurrencias. El patrimonio cultural de la ciudad de Sevilla se merece este esfuerzo para conseguir una ciudad no crionizada ni tematizada, sino un organismo vivo, en movimiento, en el que la historia forme parte del presente o, como querían los vanguardistas, donde el presente es historia.

Pienso que se debe promover un debate técnico, ciudadano y político sobre el sistema patrimonial de Sevilla que confluya en un documento marco que tenga como horizonte el establecimiento de una estructura representativa y sintética de la herencia patrimonial, articulada con la creación cultural contemporánea, donde se enuncien los objetivos estratégicos respecto del patrimonio cultural considerado como: herencia activa para el conocimiento del pasado; recurso para la formación, el desarrollo y la cohesión social; laboratorio para una administración eficaz, eficiente y vertebradora; recurso activador de la creación, la innovación y la transferencia; y nodo de interacción entre el turismo, la economía y la investigación.

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