La esquina

josé / aguilar

E l paradigma de Chipiona

Ala antigua alcaldesa de Chipiona Dolores Reyes la ha inhabilitado la Audiencia Provincial de Cádiz para cualquier cargo público electivo durante siete años, por haber realizado contrataciones ilegales de personal durante su mandato municipal, entre 2000 y 2004. Contrató a unos cuantos vecinos como personal laboral. Concretamente a 345 (no es errata: 345).

Con la excusa de que Chipiona multiplica por diez su población en llegando el verano -sobre todo por la afluencia de sevillanos-, Reyes convirtió el Ayuntamiento en una auténtica oficina de colocación. En cuanto pasaba el día de la Virgen de Regla los veraneantes se marchaban, pero los contratados seguían en sus puestos. De este modo Chipiona, con menos de 20.000 habitantes en su padrón, llegó a disponer de una plantilla municipal de más de setecientos trabajadores. Un disparate.

Disparate que la alcaldesa perpetró sin que existiera consignación previa en los presupuestos para hacerlo, sin procedimiento de información pública que respetase los obligados principios de mérito, capacidad y publicidad, sin criterios de selección, sin pruebas a superar y sin entrevistar siquiera a los candidatos. Lógicamente, la voracidad contratante de la primera edil pasó también por encima de los informes contrarios de la Intervención Municipal y la Asesoría Jurídica del Negociado de Personal. Una técnica municipal que actuaba en aquella época como sustituta del interventor y del secretario testificó durante el juicio que las mesas de contratación ni eran convocadas. Total, para qué: allí entraba a trabajar como personal laboral eventual todo aquel que la alcaldesa quería que entrase. Encima le hacía firmar cada contrato, "por delegación", al concejal delegado de Personal.

En fin, un delito continuado de prevaricación, y políticamente, un despliegue enorme de clientelismo y enchufismo. Yo veo al Ayuntamiento de Chipiona de aquella etapa como el paradigma de una forma de gobernar que ha llevado a la ruina a muchos ayuntamientos andaluces. Subidos a la ola del crecimiento turístico y la construcción, los alcaldes crearon empresas públicas sin medida, se metieron en inversiones alocadas e inflaron las plantillas municipales creyendo que las vacas gordas eran para siempre. Luego llegó la recesión, la falta de ingresos, las deudas que no se podían pagar y las telarañas en la caja.

¿Cuántas Chipionas quedan por ahí?

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