Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Un partido que perdió el carácter de trámite

AQUELLA desaplicación del pasado 9 de octubre en Zilina hace que el retorno a Oviedo de nuestra selección lleve en la mochila una considerable carga de responsabilidad. No es una cita dramática, claro que no, pero confirma que aquel paso de oca que solía mostrar España pasó a una hibernación que ojalá acabe pronto. Eslovaquia es el rival, ha hecho pleno de puntos y llega a Asturias con la tranquilidad de unos deberes encarrilados.

Y en el nido español, la tormenta desencadenada en la portería mediante el exilio a Portugal de su propietario y el descalzaperros sufrido por el suplente sobre la última campana del cierre de fichajes. ¿Influirá en el equipo la situación de Casillas y las tribulaciones de De Gea? Por lo pronto, el que va a jugar será el de siempre y no parece que vaya el subconsciente a traicionarlo en esta encrucijada que representa colisionar con la selección que lidera el grupo.

La experiencia que acarrea aquel gol en el último instante en Eslovaquia fue un contratiempo que tiempo atrás hubiera sido impensable, pero las cosas no siempre son como se desea. Hoy vuelve la selección al Principado y Del Bosque afronta el reto con los eslovacos bajo su filosofía habitual. Con sobredosis de jugones y la esperanza de que Diego Costa explote de una puñetera vez vestido de rojo. ¿Será hoy? A ver si es que sí, pues la cosa va demorándose con exceso.

Un España-Eslovaquia hubiera tenido tintes de trámite no hace tanto, pero aunque los nuestros son los campeones vigentes de la Eurocopa, las circunstancias han cambiado. La ausencia de Xavi se está mostrando aún más determinante de lo que se temía y los protagonistas de la mejor España jamás conocida van viendo cómo caen tacos y tacos de almanaque. Todo eso iguala las cosas con Eslovaquia, pero pensar en algo distinto al triunfo sería llevar el destino a donde nadie quiere.

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