el poliedro

José / Ignacio Rufino

Qué les pasa en la boquita

Un presidente que dice "a veces mi mejor decisión es no tomar ninguna decisión" acaba por contagiar a sus subordinados

POR respeto a los alumnos y por preguntar lo que hay que preguntar en un examen sin, de paso, mortificar a los examinandos con los enunciados enrevesados, es preceptivo que en una pregunta de elección múltiple no se pregunte en negativo, y menos aún si hay una respuesta también en negativo. Por ejemplo, no es de recibo: "Señale cuál de los siguientes políticos no movió un dedo por contener la desaparición de la democracia en Chile en los años 70 del siglo pasado: a) No fue Kissinger, b) Fue Kissinger, c)…". Sin embargo, este sadismo evaluador de baja intensidad es habitual, y es síntoma de inseguridad o malicia del propio profesor. Dos negaciones en la misma frase viene siendo la norma en las declaraciones de no pocos políticos, que se las ven y se las desean para interpretar la realidad y hacer pronósticos dando un poco de esperanza, por pequeña que ésta sea. El galleguismo de nuestro máximo mandatario quizá tenga que ver con un estilo evasivo y disonante que deja perpleja a la audiencia: "¿Pero qué ha dicho este hombre?". Los líderes crean escuela, estilo de gestión, y un presidente que dice "A veces, algunas veces, mi mejor decisión es no tomar ninguna decisión" acaba por contagiar a sus subordinados. Aunque sea un subordinado teóricamente no subordinado, como el gobernador del Banco de España. Esta semana ha dicho precisamente -que no con precisión- Linde: "España estará muy cerca de empezar a dejar de tener crecimiento negativo este trimestre". Francamente, resulta difícil de creer, sobre todo porque resulta difícil de comprender la frase. Convicción no es que rezume, no.

La elusión, el circunloquio, la perífrasis y el eufemismo en Economía están en auge desde que pintan bastos. "Crecimiento negativo" por recesión; "desaceleración" por crisis; "vehículos liquidadores de activos tóxicos" por banco malo; "modificación de las estructuras impositivas" por subida de impuestos; "proceso de regularización de activos y rentas no declarados" por amnistía fiscal; "movilidad exterior" por emigración de titulados superiores; "desindexación" por eliminación de la actualización salarial mediante el IPC. Hay muchas más perlas, y la actitud no verbal también denota falta de convicción de quienes hablan de esta forma: Guindos tiene de por sí la boca pequeñita, pero todavía la abre menos cuando dice cosas de éstas, e incluso la ladea un poco; Rajoy no mira de frente ni amarrado, y se pone dubitativo e incomprensible; Montoro se trabucó y equivocó términos varias veces el martes en su primera reunión pública con el recién creado comité de sabios para la reforma fiscal en España. A Zapatero, en cambio, se le entendía todo bien en su simplicidad y entusiasmo. Lástima que no diera ni una y dejara un país más que maltrecho en su segunda legislatura.

A quienes sí se les entiende es a los del FMI, que esta semana han vuelto a calentar la prima de riesgo -que probablemente a usted ya no le interesa nada, de la misma hartura- y a echar porquería sobre nuestra penosa e incierta recuperación económica. Lo del Fondo no tiene nombre. No ya porque digan que no va a ser en 2014 cuando levantemos cabeza, sino en 2015. No ya porque no hayan acertado nunca, aunque pocos se ocupan de comprobarlo y echárselo en cara. No porque no expliquen los porqués de sus predicciones, ni critiquen sus lamentables modelos predictivos. Lo letal del erratismo inconsistente del FMI es el daño que hace a las personas de los países sobre los cuales elucubra sin piedad… y sin fundamento. Que España está mal es un hecho. Que es difícil de recuperar, también. Pero echar gasolina a las brasas a voleo es irresponsable, tirando a criminal. Éstos no enredan las frases, enredan la vida de la gente más de lo que lo está.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios