| La campana |

José Joaquín León

Y todo pasará en apenas un día

La mañana del Jueves Santo aún queda mucho por delante, pero la Semana Santa se está acabando · La tarde avanza y en Montesión se nota que en Sevilla gusta un olivo · Terminamos sin música en Pasión

LA mañana del Jueves Santo yo me levanto amontesinado, en el sentido de la nostalgia. Parece mentira que, con todo lo que nos queda por delante, tengamos tiempo de mirar atrás. La mañana del Jueves Santo aún queda mucho por delante, pero la Semana Santa se está acabando. ¿Quién dijo que el Miércoles Santo es el ecuador, la mitad de la Semana Santa? Todos lo dijimos alguna vez, yo mismo, pero cada vez tengo más claro que el ecuador de la Semana Santo es el final del Martes Santo. O eso me parece. Incluso pareció este año, cuando el epílogo del Miércoles Santo ha sido como en otros tiempos, con el cambio de itinerario de Los Panaderos, que pasó por la plaza del Salvador abarrotada completamente del todo, pasada la una y media, con la expectación acostumbrada en décadas ya pretéritas, que luego se mudó a la Campana en su segunda entrada.

Esta mañana de Jueves Santo es tranquila y sosegada, soleada y brillante, como requiere la solemnidad del día. Según la Agencia Estatal de Meteorología, hay un 0% de posibilidades de lluvia. Y para el Viernes Santo, otro 0% de posibilidades. Es el pronóstico perfecto. En esta mañana hay mucha gente en la calle. Hay colas en los templos del Jueves y la Madrugada. La plaza del Salvador está casi llena otra vez, doce horas después de Los Panaderos, pero ahora hay mantillas y comentarios sobre la música de Pasión. "¿Pero la Virgen va a llevar música o no", pregunta una joven de mantilla. Se ven mujeres de mantilla por la plaza. Se ven varias pandillas de mantillas sin parejas masculinas. Antes las mantillas eran casi exclusivas de los novios y matrimonios; y los grupos eran de novios y de matrimonios. Pero estas mantillas de singles femeninas nos recuerdan la sociedad en que vivimos. Incluso se ven algunas mantillas con microfaldas. La rampa parece una pasarela.

En esta mañana de Jueves Santo puede pasar de todo. Pues todavía está todo pendiente de pasar. Puede pasar que incluso te encuentres a un pregonero de la Semana Santa, Joaquín Caro Romero, paseando a su perro por la Alfalfa, él que es tan macareno, tan alejado de la basílica. Hay tiempo para todo. "El perro en Semana Santa se lleva 10 horas sin salir y se pone nervioso", me dice. "A lo mejor le gustaría ser como el perro de las procesiones y pasear entre los nazarenos", le contesto. Pero no está por la labor de llevárselo a la Campana. Caro Romero tiene una pequeña herida en la mano: "Yo digo que me la hicieron por defender al pregonero, y quedo muy bien", me comenta. La verdad es que se la hizo el perro, que le mordió; pero él que no es rencoroso, incluso lo pasea en esta mañana de Jueves Santo.

Ya la mañana se acaba. Ya he visto a nazarenos de Los Negritos y de la Exaltación, que no sé si van por el camino más corto, o dando un rodeo, pero van , y probablemente con la tranquilidad de que no les pasará lo mismo de otros años, cuando se quedaron con las ganas de salir. Ya la tarde del Jueves Santo se está esbozando. Y se termina de definir cuando se abren las puertas de dos capillas: una cerca de la Puerta Osario y otra en Los Remedios. Las Cigarreras es una cofradía de otros tiempos, que quizá con el paso de los años se denomine la Victoria o la Flagelación, porque los cigarros están mal vistos y no hay Fábrica de Tabacos propiamente dicha. También eso es de antaño.

Creemos que la Semana Santa no cambia, pero sí, sólo que lo hace poco a poco, sobre los pies, con esa forma de andar tan peculiar que tienen los ratones del tiempo. A la hora de los Santos Oficios, en el interior de la parroquia de San Pedro, como ocurre en el vecino monasterio de Santa Inés, se oyen tambores y cornetas. Nos sentimos como en una clausura temporal, mientras pasa cerca un misterio: el de la Exaltación que no vemos, pero presentimos. Entonces imaginas, que es como verlo de una forma ideal, sin verlo.

La tarde avanza, sigue avanzando, continúa avanzando. Las seis de esta tarde es una hora proverbial, porque Montesión ya está en la calle. En la Alameda esperan al olivo. ¡Cuánto gusta un olivo en Sevilla! La Semana Santa es tierra abonada al olivar, que congrega a las multitudes extasiadas por ver que un olivo anda. Rosarios que suenan contra los varales del palio de Montesión por la calle Feria. Esta calle está hoy ungida, le quedan horas intensas en las que será territorio sagrado.

En la Magdalena empieza la trilogía final de esta tarde, cuando sale la Quinta Angustia. Las luces del Jueves Santo tiñen de muchos matices el cielo. Silencio de muerte que se cimbrea y avanza entre un bosque donde se alzan perfiles de mantillas. El Jueves Santo está ya en toda su gloria. Está ya en un Valle de lágrimas que arranca en la Anunciación y se derrama calle Laraña abajo. Está otra vez en la plaza del Salvador, otra vez en esta plaza, donde el Señor de Pasión desciende la rampa con una Majestad divina e inigualable. Y aparece el palio de la Virgen de la Merced, que también desciende, entre silencios, sólo silencios.

"Pues no lleva música", se oye decir a otra chica de mantilla, que no es la misma de la mañana. "Ya la llevará", le contesta uno, que probablemente sabe que una Semana Santa no es igual a otra. Por eso, entre ambas cabe la nostalgia, que se ha ido por el camino más corto hacia otra madrugada.

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