El patinete del cofrade

Puede causar estragos en Semana Santa. Puede ser la siguiente gran aportación friki tras las sillitas de los chinos

Este artículo he dudado si lo publicaba o no, por no dar más malas ideas. No obstante, en prevención de lo que pueda ocurrir en las próximas Semanas Santas, se debe alertar al teniente de alcalde de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera; al presidente del Consejo de Cofradías, Francisco Vélez; incluso al mismísimo Cecop, del peligro que se les viene encima. El patinete del cofrade puede causar estragos entre la ciudadanía durante la Semana Santa. Puede ser la siguiente gran aportación friki, como sucedió con las sillitas plegables de los chinos. Tal vez, en fecha no muy lejana, sea prohibido en la Madrugada.

El patinete del cofrade es utilísimo para visitar los templos por las mañanas. Las autoridades, con el arzobispo Asenjo y el alcalde Espadas, se desplazan como unos señores, en sus vehículos. Pero la gente corriente, el capillita de programa de papel de toda la vida, no encuentra lugares adecuados para aparcar. Imaginen un Lunes Santo, como hoy, cuando queremos ir del Tiro de Línea al barrio León, o de ver la salida del Polígono hasta el Arenal, Santiago y San Vicente. ¿Y dónde aparcas para ver el paso de Santa Marta en San Andrés?

Por la tarde es peor, pues a la dispersión de sedes canónicas se añaden las bullas. Y esos policías locales buenos, situados en todas las puertas de Sevilla (Carmona, Osario, Triana y hasta la puerta de su casa), en plan Trofeo Zamora, dispuesto a no dejar pasar ni una. En condiciones tan desesperadas, sólo queda el recurso de ir en Metro. Bueno, si vives en Mairena del Aljarafe y no hay huelga ese día.

El sevillanito y la sevillanita de a pie, ¿qué hacen? Batir el récord mensual de caminatas, con unos 100.000 pasos al día, según te alerta el Fitbit, que no se aburre ni contando ovejas. Pero contra eso tenemos el patinete eléctrico. Puedes ir el Lunes Santo desde el Tiro de Línea a ver San Gonzalo por San Jacinto y llegar en un santiamén. Como si fueras volando. Y sin cansarte. Y sin dar pedaladas como los ciclistas, que se creían los amos de las pistas de los carriles bici. Y sin pagar seguros. Y si dejas alguna víctima en el camino, que venga Dios y lo vea. Ahí quedó.

En las bullas más concurridas y aforadas, la gente se queja cuando es atropellada por algún carrito de bebé. Puede que en el futuro haya que convivir con los canipatinetes eléctricos, que permitirán ser propulsados. Y todo eso sin contar que algún experto aconseje el uso de patinetes a los nazarenos para aligerar los tiempos de paso por la carrera oficial en el Paseo de Colón. Después se quejarán los tradicionalistas, esos carcas y rancios de siempre.

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