La esquina

La pensión de Goirigolzarri

UN poco más y no me cabe en el título el apellido del prejubilado más famoso de los últimos tiempos. Goirigolzarri, José Ignacio. Así se llama el consejero delegado del BBVA que ha pactado su marcha del banco con sólo 55 años. Tenía tres millones de razones para negociar su salida: tres millones de euros anuales de pensión vitalicia.

Con esas cantidades la polémica estaba asegurada, y más por afectar a un directivo bancario, esa especie que con sus bonus, pensiones e indemnizaciones escandalosas han ayudado lo suyo, según los expertos, a la actual crisis financiera internacional. En todo el ámbito político y social se ha producido un gran malestar.

El más lanzado ha sido el ministro de Fomento, José Blanco, para quien "este tipo de indemnizaciones debería tener una fiscalidad mayor". Es una pena que el Gobierno del que forma parte no haya aprovechado la reciente revisión fiscal para obrar en consecuencia aumentando la imposición sobre tales jubilaciones doradas. Y más penoso aún que en diciembre de 2008 decidiera por decreto actuar en un sentido exactamente contrario, al aliviar el IRPF de los grandes accionistas de bancos, directivos y familiares por los rendimientos de capital que obtuvieran en sus entidades. Hacer lo contrario de lo que se dice, he ahí la habilidad del gobernante.

No deja de ser una obscenidad ganar tanto dinero por dejar de trabajar en estos tiempos en que tantos convecinos no pueden hacer eso mismo (trabajar). Supongo que en realidad a Goirigolzarri le recompensan por el trabajo que ya ha hecho, es decir, por la gestión exitosa como consejero delegado de un banco que no ha dejado de florecer durante su mandato. La ley del mercado libre implica que cualquier empresa privada, financiera o no, contrate a sus empleados y les remunere como le convenga. Deberá hacerlo así si quiere disponer en su plantilla de los mejores del ramo.

La cuestión se complica, sin embargo, por dos motivos. Uno, porque el mercado obligaría también a que el Estado no acuda con su dinero, que es el de todos, a salvar los bancos en dificultades, de modo que si no quieren intervencionismo cuando fijan sueldos y pensiones de sus directivos tampoco deberían suplicar la intervención pública cuando necesitan ayudas (esto en general, no sé si el BBVA puede darse por aludido). Dos, porque estas decisiones las toman los miembros del consejo de administración y grandes accionistas de los bancos sin preguntar a cientos de miles de pequeños ahorradores, que confiaron en ellos, si están de acuerdo. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen.

Aparte de eso, Goirigolzarri es víctima de la envidia nacional, a pesar de que el dinero no da la felicidad. El dinero de los demás...

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