La ciudad y los días

Carlos Colón

El que peor hizo lo mejor

HAY casos en los que un imposible mecanismo democrático debería impedir que los políticos se retiraran de la carrera preelectoral; y les obligara a presentarse para: a) que con la derrota -en el caso de que se produjera- él y el partido que lo presentó y lo sostuvo, aplaudió y justificó durante su mandato sufrieran el castigo de los ciudadanos; b) para que asumiera la gestión -en el caso de que fuera reelegido: todo es posible en Sevilla- de la situación creada por sus errores, torpezas o desvaríos. Es demasiado fácil no presentarse a la reelección, evitando lo primero o descargando la difícil tarea en otro; y que el partido que -repito- lo presentó, sostuvo, aplaudió y justificó se lave las manos presentando un candidato no contaminado. Esta última parece ser la opción del PSOE, que preferiría agotar el mandato y presentar a un candidato Mr. Proper que cargue con las consecuencias prácticas de lo ya ejecutado y de lo que nadie sabe -al parecer ni tan siquiera el arquitecto que la parió, como sucede con la millonaria inversión en la Encarnación- si se podrá ejecutará del todo o no.

El caso es que se va. Y que anuncia que no se presentará a la reelección el mismo día en que se publica que Griñán conocía sin pena su desgana y que el Supremo ha ratificado la condena de cárcel para los dos implicados en el caso de las facturas falsas del distrito Macarena. Casualidades. Tal vez sea la gota que ha colmado el vaso del descrédito político del alcalde que peor ha hecho lo mejor en la historia reciente de Sevilla; aprendiz de brujo que ha logrado el más difícil todavía de convertir viejos sueños de la ciudad -Avenida, Encarnación o Alameda- en pesadillas a causa de su pésima ejecución o de lo disparatado del proyecto; alquimista al revés capaz de transmutar el oro en piedras carentes de valor pero de precio astronómico.

"Quiero que acabe la cacería mediática y política hacia mi persona y hacia el proyecto de ciudad que he defendido", ha dicho. Débil lección de democracia para despedirse la de llamar cacería a la libertad de información y a la oposición. Y ha añadido: "Hay quien lleva tiempo dañando a la ciudad por hacerme daño a mí y sacarse la espina que tienen clavada porque les he ganado tres veces las elecciones". Perdón: ha ganado una vez, las otras dos ha quedado en segundo lugar y ha sido alcalde pactando con el PA y e IU. Cosa legítima que todos hacen, ya. Pero entonces, ¿por qué Griñán y él se empeñan en disimularlo diciendo que ha ganado tres veces las elecciones? En cuanto a lo del daño, ¿quién lo hace? ¿La prensa? ¿La oposición? ¿O quien gobierna?

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