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Todo lo que perdimos

Es una crisis sanitaria y económica, pero también cultural y sentimental, que afecta al "alma de Sevilla"

El tiempo quizás sea el bien más preciado que recibimos al nacer, pero es irrecuperable. En estos días aciagos de encierros, cuando hablamos de las pérdidas económicas, de las medidas del Gobierno y la Junta para paliarlas y de la gravedad de la crisis que nos espera, hay que valorar la devastación de los sentimientos que ha causado el coronavirus. Lo espiritual, más allá de lo material. En Sevilla se llevará por delante muchos negocios recientemente inaugurados, e incluso proyectos en construcción. Ese gastrobar que abrió en la calle Julio César, esa confitería familiar de Los Bermejales, esa tienda de la calle Francos puesta con tanta ilusión… Detrás de un negocio también hay personas, a las que el destino ha golpeado sin piedad.

Además de los negocios y los empleos, cuyo porvenir es incierto, hemos perdido el tiempo. Se nos ha ido por delante una Semana Santa completa, una pérdida que es imposible de cubrir, ni siendo más papistas que el papa Francisco. También se perderá el Rocío. Y tampoco será igual la Feria de abril en septiembre, aunque Juan Espadas la traslade para salvar algunos muebles. ¿Y cómo será la vida en las casetas? Algunas familias serán más pobres, preferirán gastar en otras necesidades.

Hemos perdido los actos de Cuaresma, el pregón de Julio Cuesta y todos los cultos y actividades que nos prepararían para otra Semana Santa. Se deben anotar pérdidas culturales que no serán recuperables en idénticas condiciones. Un ejemplo: el Festival de Música Antigua, que iba a ser excepcional, con los conciertos del pianista sevillano Juan Pérez Floristán, y algunos de los mejores especialistas, como los italianos de Il Giardino Armonico, o el clavecinista Tom Koopman con la Amsterdam Baroque Orchestra, en un programa de lujo. Y, por supuesto, una excepcional clausura con la Orquesta Barroca de Sevilla, que interpretaría la Misa en si menor de Johann Sebastian Bach, con motivo del 400 aniversario del Gran Poder.

Se salvó la exposición del Gran Poder en la sede de la Fundación Cajasol, en la antigua Audiencia. Se quedó montada (y sin visitantes) la de la Sed. ¡Qué triste es una exposición para nadie! La primavera de Sevilla ha quedado destrozada.

Cuando pasen los años, ¿cómo será recordada esta hecatombe? Es una crisis sanitaria y económica, pero también cultural y sentimental, que afecta a lo que Romero Murube llamaba "el alma de Sevilla". Existe una espiritualidad que no se puede compensar con dinero, sino que nace del amor depositado en un tiempo que nunca más volveremos a vivir.

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