Más se perdió en Cuba

Abril es un mes especial en Sevilla y este año se nos ofrecía redondo, simétrico

Una ciudad florecida. Con azahar en los naranjos, arrayanes apretados y racimos de glicinias en las pérgolas del río y en los jardines de Murillo. Exuberantes hojas de acanto, oscuras y verdes, en los arriates del paseo de Catalina de Ribera, en los capiteles corintios de algunos patios sevillanos y en los canecillos de los aleros y viguerías. Abril florecía/frente a mi ventana, escribió Antonio Machado. Aromas que definen nuestra primavera junto con los de cera quemada y tierra regada. Aceite, miel y canela. Olor a incienso y a juventud.

No hace falta decir que abril es un mes especial en Sevilla y este año se nos ofrecía redondo, simétrico de principio a fin. Con la Semana Santa al principio y con la Feria al final. Pregonando un mundo de emociones con un intermedio de días, para acomodar el ánimo a todos los estímulos. Todo previsto, como siempre en Sevilla en primavera. Como el viejo cartel, de finales del siglo XIX, que anunciaba Fiestas de Abril en Sevilla 1898. Una procesión en el puente de Triana en la parte superior de la litografía y una hilera de casetas y carruajes abajo. Y entre ambos, un fabuloso programa de actividades. Semana Santa, exposiciones de ganados y de plantas y flores, retreta, Feria de Abril, fuegos artificiales, brillantes conciertos de bandas militares, corridas de toros, carreras de caballos, tiro de pichón y juego de polo en el hipódromo de Tablada. Exposición de Artes Industriales y Kermesse de las Cigarreras sevillanas. Juegos Florales y Certamen Científico Literario y Artístico. Batallas de Flores. Exposición de Cerámica. A 26 de febrero de 1898 y con la firma del entonces alcalde de Sevilla, el Marqués de Paradas. Todo preparado con antelación, como nos gusta hacer las cosas en Sevilla cuando es toda la ciudad la que se implica. La ciudad en la calle, porque ya entonces tenían claro que la primavera sevillana era para nosotros y para todos los que quisieran disfrutarla. A pesar de que ya pintaban bastos en la guerra de Cuba, que finalizó en agosto de ese año de 1898 y que puso nombre a toda una generación.

Este año, como entonces, como siempre, todo estaba preparado en las calles y en las casas y también en nuestro ánimo para una primavera de fiestas sevillanas como nunca habíamos tenido. La próxima siempre es la mejor. Hasta con presagios de chaparrones primaverales, para que nada faltara. Todo en su sitio. Pero hemos tenido que parar. Esta primavera no va a ser de Sevilla en Fiestas. Ya lo saben. En los primeros días, sin saber cuánto iba a durar todo esto, aún hoy no la sabemos, se planteó pasar la Feria a septiembre. Y unas procesiones un par de días. Afortunadamente la dura realidad y la cordura parece que van templando los ánimos. Más nos vale concentrarnos en realizar los actos previstos en septiembre con la mayor brillantez, como la Bienal de Flamenco y otros, y planificar el otoño para que sea la estación más brillante de la ciudad. Más se perdió en Cuba, pero hay que seguir adelante.

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